Crianza natural

Dar autonomía, clave de la crianza con apego

Nuestra labor como padres consiste en permitir y alentar que nuestros hijos se alejen de nosotros. Pero para eso, han de sentirse seguros. ¿Cómo?

Dar autonomía, clave de la crianza con apego

No todo el mundo puede vivir en el campo, parir en casa o dar el pecho más allá de los cuatro meses de baja por maternidad.

Son solo elecciones supeditadas a nuestra disponibilidad, a nuestra forma de pensar y a la información de que disponemos y para nada implican que una madre quiera más o menos a su hijo. «Los bebés necesitan ser cubiertos en sus necesidades básicas y entre ellas está el afecto, el amor, el apego. La persona encargada de está función varía según las circunstancias personales, sociales y/o económicas. Lo importante es que el bebé crezca atendido y con amor», señala la matrona Anabel Carabantes. Alternativa o no a la crianza con apego, la mejor crianza es aquella que se basa en el amor a nuestros hijos y la que no descuida el vínculo de cariño y seguridad que necesitan para crecer sanos y felices.

Cómo lograr darles autonomía

Para que puedan alejarse de nosotros han de sentirse lo suficientemente fuertes. Y eso se consigue primero estando muy pegaditos a nosotros, y segundo consiguiendo las cosas por sí solos. «Recuerdo lo emocionante que era ver cómo se ponía en pie con gran esfuerzo, mirándome orgulloso de lo que había logrado. Luego se caía de culo y volvía a intentarlo. Nunca le di la mano para forzarle a andar. Por eso empezó a caminar después que otros niños a los que sí ayudaron. Pero también es verdad que, cuando empezó, lo hacía con gran destreza y dominio de su cuerpo y rara vez se tropezaba», cuenta Laura.

La idea es salvaguardar la autonomía del niño, no solo en el control de su propio cuerpo, sino también a la hora de comer o de jugar. Como mi casa no es muy grande, convertí la mitad del salón en una zona de juegos cuando Rubén empezó a gatear. Puse una alfombra calentita, cojines en el suelo y un par de cajas con sus juguetes. Quitélo que se podía romper, así que mi hijo podía tocar sin miedo todo lo que había allí. Yo me sentaba a acompañarlo cuando jugaba y dejaba que él llevara siempre la voz cantante, porque si me ponía a mandar o a darle las cosas hechas, ya no tenía gracia», señala Pepa.

Explorar, explorar y explorar

Es durante el juego cuando aprenden a explorar sus capacidades y el funcionamiento de las cosas. «Por eso es tan importante dejar que investiguen a su ritmo, sin dirigirles, pues el juego es su terreno y cualquier imposición o intervención del tipo "hazlo así y así, no" les transmite el mensaje subconsciente de "tú no sabes" y les roba la rica satisfacción de aprender y probar por sí mismos», apunta Begoña Alonso, maestra en una escuela libre. «Para eso necesitan un entorno preparado para ellos, donde puedan moverse con libertad y sin peligro, sin que el adulto esté todo el rato encima cortándoles el paso o regañándoles por tocar algo que no deben», explica.

 

Etiquetas: aprender a andar, aprender a caminar, autonomía, crianza, crianza con apego, gatear

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