Sueño del niño

Pesadillas y terrores nocturnos: ¿sabes distinguirlos?

Cuando un niño de dos años se despierta por primera vez asustado, la reacción de sus padres suele ser de sorpresa. ¿Qué le ha pasado? Pues algo muy normal a esta edad: ha tenido una pesadilla.

Beatriz González
Pesadillas y terrores nocturnos: ¿sabes distinguirlos? Ver herramienta Calculadora de crecimiento según la altura actual del niño

También es posible que ese primer mal sueño se manifieste de otra forma totalmente distinta: puede que el pequeño grite, se agite, se mueva... Pero cuando los padres llegan a su habitación para calmarlo, no los reconoce. ¿Qué le ocurre? También sucede mientras duerme. Sin embargo, al producirse en una fase del sueño distinta y provocar unas reacciones diferentes es lo que se conoce como terror del sueño o terror nocturno.

Ambos sucesos son inofensivos y no tienen ninguna consecuencia física o psicológica. La forma de actuar ante ellos es diferente y saber cómo tratar a los niños para que vuelva a conciliar el sueño es fundamental.

 

¿Cómo distinguir las pesadillas de los terrores?

  • Las pesadillas suelen aparecer en el último tercio de la noche. De hecho, solo ocurren en la llamada fase REM del sueño. Por el contrario, los terrores nocturnos normalmente pasan en la fase NREM, es decir, cuando el pequeño está profundamente dormido, por lo que suelen tener lugar en el primer tercio de la noche.
  • Cuando un niño tiene una pesadilla, se calma ante la llegada de papá y mamá. Una reacción muy distinta a la que muestra si se trata de un terror nocturno: no reacciona ante la llegada de los padres. Aunque tenga los ojos abiertos o esté incorporado en su cama, no es consciente de la realidad. Es como una especie de sonambulismo que él no recordará.
  • Cuando el niño tiene un terror nocturno, lo mejor es no intervenir. Es importante vigilarle para que, si se incorpora, no se haga daño con objetos cercanos, pero sin intentar despertarlo. El terror nocturno puede durar entre los cinco y los quince minutos. Después, lo más probable es que siga durmiendo con normalidad. Por el contrario, después de una pesadilla, el pequeño necesita sentirse seguro. Los niños viven las pesadillas como algo real, y necesitan que papá y mamá le aseguren que solo ha sido producto de su imaginación. Con un terror nocturno los pequeños no son conscientes de nada y no va a recordar nada de lo vivido.

 

Y, después del mal sueño...

Cuando, tras una pesadilla, los padres llegan a la cama de su hijo y le calman, su trabajo no ha terminado. De hecho, ahora viene la parte más difícil: lograr que concilie el sueño de nuevo. Algo que puede requerir hasta una hora si se ha angustiado mucho. Los psicólogos nos recomiendan seguir una serie de pasos:

  • Siéntate en la cama junto a él, apoyándote en el cabecero si es necesario, para que la seguridad que le ofrece nuestra cercanía alivie al niño.
  • Mientras le explicas con voz pausada que todo ha sido irreal, puedes sentate en una silla que previamente hayas colocado cerca de la cama. Así, el pequeño sigue sintiendo próxima tu presencia, pero empieza poco a poco a alejarte de él.
  • Por último, los especialistas aconsejan que vayas alejando la silla progresivamente hasta que por fin alcances el umbral de la puerta. Mientras tanto, tu voz tranquila, calmada y reconfortante, habrá hecho el resto del trabajo para que nuestro hijo vuelva a tener dulces sueños.
  • Si al día siguiente el niño recuerda la pesadilla, explícale por qué es irreal e intenta encontrarle un final feliz a su mal sueño. De esa forma, el niño acabará por no sufrir pesadillas o, en caso de que las siga teniendo, su reacción será más tranquila.
  • Si estos episodios se repiten con mucha frecuencia, conviene repasar sus vivencias diarias para ver qué le está causando esa angustia.

En el caso de los terrores nocturnos, además de acudir a su lado para evitar que se haga daño pero sin intervenir, no hay mucho más que hacer. Al no recordar él mismo lo que ha pasado, no es necesario ni siquiera mencionarle el tema o volver sobre él, ya que es como si no hubiera existido.

 

Por qué se producen

  • Pesadillas: los especialistas encuentran varias causas. Una puede ser que no se cubran todas las horas de sueño necesarias. También puede ser que el pequeño esté viviendo alguna situación de estrés o ansiedad, ya sea por algún cambio, aunque sea mínimo, en sus rutinas, o por alguna escena que haya visto en la televisión. Las pesadillas no se pueden prevenir, lo único que podemos hacer es vigilar su entorno y mantener sus rutinas fijas todo lo posible.
  • Terrores nocturnos: todavía no se ha encontrado su causa. Aunque hay profesionales que creen que hay una base genética, lo cierto es que no existe una explicación médica aceptada por todos.

Tanto unas como otros irán desapareciendo poco a poco, sin necesidad de ninguna intervención. Alrededor de los seis años, la mayoría de los pequeños dejarán de sufrirlas.

 

Asesores: Luis Miguel Lebrusán, psicoterapeuta infantil de Aprende Más y Dr. Gonzalo Pin, director de la Unidad del Sueño del Hospital Quirón de Valencia.

Etiquetas: estrés, niños, pesadillas niños, sueño

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