Autismo

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Los signos más evidentes de que un niño es autista son su desinterés con respecto al mundo exterior y una extraordinaria capacidad de concentración en su propia intimidad.

Hasta hace bien poco, se desconocía el origen y a menudo se achacaba a una privación emocional u otro aspecto negativo en el cuidado durante la primera infancia. Estudios recientes han confirmado que se trata de un trastorno neurofisiológico con un componente genético. Pero aún se está lejos de obtener tratamiento eficaz.

La identificación precoz de este trastorno del desarrollo es muy importante, para actuar correctamente y atender las necesidades especiales de estos niños. Y hay que buscar consejo profesional en cuanto se perciban los primeros signos. Las terapias intensivas que les enseñan a controlar sus movimientos y a relacionarse socialmente tienen éxito entre un 30 y un 50 por ciento de los casos si el tratamiento comienza pronto (a los dos o tres años).

El comportamiento varía de unos niños autistas a otros, aunque algunas conductas son inequívocas: aislamiento respecto del grupo, repetición de fragmentos que acaban de escuchar, confusión de pronombres («yo», «tú», «él»), respuestas poco naturales y repetitivas, gestos agresivos y una memoria peculiar. Son conocidos los casos de autistas capaces de repetir un lista telefónica o de plasmar a la perfección en un papel un conjunto arquitectónico.

Su actitud en el juego suele ser también curiosa. A menudo se interesan de modo obsesivo con un pequeño detalle de un objeto, olvidándose del resto, o con un libro que leen una y otra vez.

Estimulación y atenciones
El niño autista debe estar colmado de amor, siempre con el apoyo y el consejo de un especialista. A veces no basta una terapia basada en la interacción del enfermo con el medio ambiente, por lo que habrá que completarla con otros tratamientos.

No existe cura, pero sí terapias que mejoran su comportamiento y facilitan su integración en la sociedad. Los tratamientos más frecuentes se basan en técnicas de relajación y masajes que aprenden a dar los padres y que ayudan a eliminar la tensión mediante la música, el tacto, gestos corporales, etc. Es fundamental el aprendizaje del lenguaje con la ayuda del logopeda. El grado de adaptación va a depender, en gran medida, de esta adquisición del lenguaje.

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