Bronquitis

Bronquitis

A menudo la llegada del frío, y más si vivimos en un ambiente húmedo y contaminado, se acompaña de catarros y resfriados que pueden complicarse y acabar afectando, con mayor o menor gravedad, a los conductos bronquiales.

La bronquitis consiste en la inflamación del revestimiento de las principales vías aéreas que conducen a los pulmones. En los meses de invierno, se convierte en una de las infecciones más frecuentes en los bebés, debido a la estrechez de sus vías respiratorias. Puede seguir a un resfriado, una gripe o una faringitis.

En los niños de corta edad esta inflamación suele afectar sobre todo a los conductos pequeños de los bronquios y su origen se encuentra en un virus respiratorio. El niño se pone pálido y lánguido, aumenta su temperatura y respira con mucha dificultad (el esfuerzo que realiza al expulsar el aire que ha entrado en los pulmones le provoca una ligera hinchazón de tórax). Es lo que se conoce como bronquiolitis, que en los casos extremos puede derivar en neumonía o dificultad respiratoria muy grave. Merece especial atención si sucede durante el primer mes de vida o en niños prematuros o que tuvieron problemas respiratorios después del parto. Alrededor del uno por ciento necesita cuidados de UVI.

La bronquiolitis suele afectar sobre todo a los niños con familiares alérgicos. Es bastante común que a un episodio de bronquiolitis le sigan repetidos catarros alérgicos de origen vírico, con abundantes mucosidades. Es posible que alguno acabe padeciendo asma. El pediatra debe controlar la evolución.

En cuanto a la bronquitis, la causa puede ser bacteriana o viral. En cualquier caso, se inflaman las vías respiratorias, fabricando un moco más viscoso. Los síntomas de una bronquitis leve son semejantes a los de un resfriado común: tos moderada, poca fiebre y buen estado de ánimo. Cuando la tos se hace incesante y bronca, sube la temperatura y el pequeño pierde el apetito, seguramente se trate de bronquitis aguda.

Aliviar la bronquitis
Conviene aliviar la obstrucción de las vías nasales con el humidificador, el aspirador nasal y el suero fisiológico. El pequeño tiene que descansar mucho y en una habitación ventilada y libre de corrientes. Puesto que seguramente perderá el apetito, debemos vigilar para que no sufra riesgo de deshidratación. Es mejor expulsar las flemas que darle un medicamento que suprima la tos.

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