Cabeza

Cabeza

El desarrollo de la cabecita del bebé debe ser uno de los controles obligatorios durante los primeros meses de vida.

Parecería casi un milagro que la cabeza de un bebé consiga atravesar el canal de parto si no fuera porque sabemos que los huesos que forman su cráneo son cuatro grandes placas aún sin fundir y muy flexibles, si bien es cierto que, a veces, durante el parto, se deforma ligeramente.

Las partes blandas que quedan en la zona alta del cráneo son las llamadas fontanelas, que se van cerrando a medida que el niño crece. Los abultamientos óseos suelen corregirse, lo mismo que se corrige la asimetría de la cabeza cuando ésta se ha deformado en el alumbramiento. Inmediatamente después de nacer, el pediatra examina tanto las fontanelas como los huesos de la cabeza.

Durante los próximos dos años, seguirá su evolución en las revisiones periódicas. Medirá también el perímetro. Al principio es lógico que parezca demasiado desproporcionada con respecto Parecería casi un milagro que la cabeza de un bebé consiga atravesar el canal de parto si no fuera porque sabemos que los huesos que forman su cráneo son cuatro grandes placas aún sin fundir y muy flexibles, si bien es cierto que, a veces, durante el parto, se deforma ligeramente. Las partes blandas que quedan en la zona alta del cráneo son las llamadas fontanelas, que se van cerrando al resto de su cuerpecito. De hecho, ocupa alrededor de una cuarta parte de su longitud total.

Es importante este examen, sobre todo si se presenta excesivamente grande o demasiado pequeña, porque el desarrollo de la cabeza es paralelo al del cerebro.
 
Al nacer, el perímetro cefálico es de 35 centímetros, como media. A los 3 meses, 41 cm; a los 6 meses, 44 cm; y al año, 47 cm. Cuando los valores difieren mucho, hay que indagar si hay un trastorno, como macrocefalia o microcefalia. Ambos son problemas muy raros que suelen ir acompañados de síntomas neurológicos evidentes. No obstante, los padres deben saber que ningún recién nacido suele venir al mundo con la cabeza simétrica ni bien conformada. El cráneo, además de presentar las suturas o fontanelas necesarias para su crecimiento, se tiene que adaptar al tamaño del cerebro; según aumenta éste, la asimetría será menor.

El proceso es lento y casi imperceptible.
Sin duda, el cambio más visible y uno de los grandes hitos en su desarrollo en los primeros meses es el control de la cabeza. Al principio es incapaz de soportar su peso y no la sostiene más que por un instante mientras yace bocabajo; en el segundo mes de vida ya podrá levantarla unos diez centímetros y mantenerla alta unos segundos. Poco a poco, sabrá tenerla erguida, alzarla por más tiempo cuando está bocabajo y controlará voluntariamente sus movimientos. En pocas semanas, el bebé habrá aprendido a mover la cabeza en todas direcciones y en casi todas las posiciones.

¿Se le puede lavar el pelo desde el primer día?
Igual que el baño, el lavado de la cabeza está aconsejado desde el primer día, aunque deben cuidarse los productos que se vayan a aplicar.

- Al principio, hasta el cuarto mes, no es necesario utilizar champú.

- Hasta esta edad tampoco es preciso lavar el pelo a diario. A partir de los cuatro meses, bastará con usarlo una o dos veces por semana, o más si el cabello es graso.

- Los movimientos han de ser suaves, pero sin miedo a tocar las fontanelas: su cerebro está bien protegido.

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