Dermatitis atópica

Dermatitis atópica

Es un problema de la piel que, aunque no duele, resulta muy molesto por el picor y que altera el estado del ánimo del pequeño que la padece.

La dermatitis atópica suele manifestarse en los primeros meses de vida. Comienza con unas placas rojizas que se cubren con escamas blanquecinas. A menudo se infectan, pues el niño, incapaz de soportar el picor, tiende a rascarse y provoca grietas, costras... Las lesiones aparecen esporádicamente y, aunque pueden remitir con facilidad, la recaída es casi segura. Cuando los brotes son intensos, la dermatitis se trata con cremas con corticoides. Los dermatólogos son muy cautos con estos fármacos, porque su abuso puede producir efectos secundarios, en especial atrofia de la piel.

En las prendas de vestir habrá que evitar los tejidos artificiales y optar por los naturales, como el algodón o el hilo. La lejía y el suavizante no son nada aconsejables, como tampoco lo son el exceso de calor, la sequedad ambiental, el contacto con animales domésticos o la exposición prolongada al sol. Una de las causas principales en verano es el cloro de las piscinas.

Estudios recientes constatan la relación entre la dermatitis atópica y el padecimiento de asma. Conviene valorar la historia alérgica familiar y extremar las medidas contra cualquier tipo de alergia.

Algunas investigaciones revelan que otro de los desencadenantes de la dermatitis atópica es la dureza del agua, que se mide por su riqueza en minerales, sobre todo calcio y magnesio. En las zonas donde existe mayor proporción de minerales, hasta un 17 por ciento de los niños acusan síntomas de eccema. Este porcentaje se reduce hasta el 13 por ciento en regiones de aguas blandas.

Etiquetas: alimentación del bebé, alimentación niños, enfermedades, niños, problemas de sueño, problemas para comer, salud, salud del bebé, salud niños

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