Masaje cardiaco

Masaje cardiaco

¿Qué hacer si a nuestro hijo se le para el corazón, cuando no escuchamos los latidos y dejamos de sentir su pulso?

Éstas son señales inequívocas de que el niño necesita un masaje que reanude la actividad cardiaca. Hay que actuar rápido, pues una demora de minutos puede acarrear consecuencias graves e irreversibles para el cerebro. Si es un lactante, se le tiende en el suelo boca arriba en una superficie dura, con una mano bajo su espalda. Con los dedos índice y medio de la otra mano presionamos la parte media del esternón hacia su columna dorsal. La cabeza del bebé debe estar extendida.Relajamos y repetimos a un ritmo de 120 veces por minuto. Cuando el niño es mayor, le apoyamos de espaldas sobre una superficie dura y colocamos nuestro brazo en línea vertical con su pecho para proceder al masaje. Presionamos entonces con la parte superior de la palma de nuestra mano sobre el tercio inferior del esternón, de manera que se hunda dos o tres centímetros, con una frecuencia de 100 veces por minuto. Después de realizar el masaje, es preciso comprobar si ha surtido efecto, es decir, si el pequeño recupera el pulso y si en la respiración se ve cómo se expande el tórax y podemos oír salir el aire. Si no respira, habrá que practicarle la respiración artificial. Mejor si pudiera hacerlo una segunda persona. Por cada cinco compresiones cardiacas, una insuflación de aire (o dos insuflaciones por cada 15 compresiones cardiacas, en caso de que sea la misma persona). La cabeza del niño debe estar bien hacia atrás, con la barbilla levantada. Masaje y respiración se mantienen hasta que el crío recupere el latido cardiaco y la respiración espontánea. La eficacia del masaje cardiaco externo radica en que, al comprimirse el corazón entre el esternón y la columna vertebral, se impulsa la sangre que llena las cavidades cardiacas hacia la circulación pulmonar y sistemática Cuando la presión se relaja, el corazón se llena de nuevo de sangre y se mantiene la circulación.

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