3-4 años

Ahora, después, mañana... Sus primeras nociones del tiempo

Los niños de tres años viven en presente y no comprenden conceptos como ahora, después o mañana. Será a partir de los cinco años cuando empiecen a aceptar la espera. Mientras, existen estrategias para usar cuando se impacientan y trucos para ayudarles a entender qué es el tiempo.

Hasta que nuestro hijo asimile lo que significa la palabra futuro, la labor de los padres será acercarles de la forma más sencilla posible al concepto de temporalidad.

¿Qué pueden entender?

Debemos conformarnos con que nuestro niño responda a cuestiones sencillas usando el antes y el después correctamente.

  • La primera noción temporal que adquieren es la diferencia entre el día y la noche. Sirve mucho que enfaticemos ambos momentos con unos rituales fijos (un baño y un cuento por las noches y la misma canción, por ejemplo, por las mañanas). De esta forma, por repetición, comprenden que existe un orden cronológico en el desarrollo de las cosas.
  • Empiezan a entender ciertas expresiones temporales relacionadas con la vida familiar como «espera un momento», «date prisa», «se va a hacer tarde»...
  • Es común que sepan expresar ciertas categorías temporales aunque de forma vaga y, a veces, equivocada. «Mañana» puede significar para ellos lo mismo que «el año que viene» y en ocasiones incluso dirán «ayer» queriendo decir «mañana».
  • Poco a poco serán capaces de controlar de forma aproximada el tiempo que transcurre entre el desayuno y la comida y entre la merienda y la cena. Las diferentes comidas y sus horarios son una importantísima referencia temporal para ellos. Mantener las rutinas diarias les permite prever qué pasará después.

¿Cómo podemos ayudarles?

  • Dejarles que nos ayuden en las tareas domésticas. Reforzará su idea de que existe un momento para cada cosa: «Ahora recogemos el desayuno, después te llevaré al colegio y, cuando vuelvas, a la hora de la comida, mamá te ayudará a poner la mesa para comer todos juntos».
  • Aprovechemos también los ratos de juego para que aprendan de forma divertida. Podemos, por ejemplo, revivir situaciones pasadas con ayuda de disfraces y pedirles que nos ayuden a describir el «guión» de lo que ha pasado. Así, aprenden a secuenciar temporalmente los hechos.
  • El reloj de agujas. Cuando los niños observan el avance de las manecillas, pueden ver literalmente el paso del tiempo. Podemos contar cuánto tiempo falta para comer, irse a la cama, apagar la televisión...
  • Calendario de pared. Colguemos uno llamativo y tachemos cada día que pasa. Podemos también marcar días señalados y pedirles que tachen los que faltan, por ejemplo, para su cumpleaños, las vacaciones...
  • Los cuentos. Hay algunos especialmente indicados para comprender el transcurso del tiempo. Después de leerlos, les preguntaremos: «¿Qué pasa después de que la princesa besara a la rana?».
  • Diario hablado. Invitemos a los niños a contarnos su día desde por la mañana hasta ese momento. Les ayuda a comprender que existe un orden cronológico en el transcurso de su día.
  • Las cuatro estaciones. Aún no lo entenderán plenamente, pero hablarles sobre ellas les ayuda a comprender el transcurso del tiempo. La primavera se relaciona con las flores, el verano con el calor, el otoño con el color naranja y la caída de las hojas, el invierno con el frío...

Enseñarles a ser pacientes

  • Si se impacientan y no saben esperar. Podemos ir aplazando poquito a poco la satisfacción de sus deseos «menos urgentes», de manera que vayan percibiendo que a veces hay que esperar para conseguir lo que uno quiere.
  • Si preguntan todo el rato cuándo. El hecho de que pregunten insistentemente sobre su cumpleaños o las Navidades significa que empiezan a asumir que las cosas no suceden siempre en el momento que ellos quieren, sino que lo hacen a veces más adelante, a veces antes. Nuestra tarea consiste en tener paciencia y contestarles siempre de la manera más sencilla y clara posible.
  • Al viajar. Hay que mentalizarles de antemano de que van a pasar cierto tiempo en el coche, en el tren o en el avión. Tratar de engañarles sobre la duración del recorrido solo empeorará las cosas.

Es buena idea buscar analogías para que puedan entender cuánto durará el trayecto: «El tiempo que tardamos en subir aquel monte cuando fuimos de excursión» o «lo que dura el programa de Pocoyó en la tele».


Asesor: Iker Laskibar, psicólogo.

 

Etiquetas: cómo educar hijos, educación, rutinas infantiles

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