La concepción

El comienzo de una nueva vida

¿Qué sucede realmente cuando un óvulo es fecundado por un espermatozoide? Te contamos los secretos de un proceso fascinante.

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Así se produce la concepción. Una sucesión de hechos sorprendentes ayudan al espermatozoide a fecundar el óvulo y a que el embrión se implante, con éxito, en el útero.

Abandonar la vagina, ascender por el cérvix, atravesar la cavidad uterina y alcanzar las trompas de Falopio donde, con suerte, un óvulo espera a ser fecundado. La tarea del espermatozoide no acaba aquí. Aún debe ser capaz de romper la envoltura del óvulo y fertilizarlo y, después, éste debe llegar al útero y anidar con éxito...

La fecundación parece una carrera de obstáculos. Y en cierto modo lo es. Pero espermatozoide y óvulo juegan con ventaja: que se produzca finalmente el embarazo no es fruto de la casualidad. Investigaciones recientes han desvelado una serie de factores que, encadenados, hacen posible el milagro de la vida.

Los espermatozoides son

Para ir desde la vagina a las trompas de Falopio, los espermatozoides no se bastan con el movimiento de sus colas. Hoy sabemos que en el interior del útero se activa de forma natural una especie de mecanismo de succión: el orificio uterino impulsa hacia arriba todo lo que se encuentra en el fondo de la cavidad vaginal. Las prostaglandinas, sustancias presentes en el semen, fomentan esta succión; también lo hacen las contracciones que experimenta el útero en el orgasmo femenino.

El siguiente reto al que se enfrentan los espermatozoides es entrar en la trompa de Falopio "correcta", es decir, la que alberga el óvulo. Gracias a la producción de estrógenos y a un mayor riego sanguíneo, la trompa en cuestión se encuentra bien abierta para facilitar el paso de los espermatozoides, mientras que la trompa vacía permanece "cerrada".

Otro factor que ayuda a los espermatozoides en su hazaña: la temperatura corporal de la mujer se eleva un poco después de la ovulación por influencia de la hormona progesterona. Esto beneficia a las células espermáticas, pues alcanzan su mayor movilidad a una temperatura corporal de 37 grados.

Atraídos por el olor

Los espermatozoides poseen unos "receptores olfativos" que captan las señales del óvulo.

Se sabe que el óvulo emite unas sustancias estimulantes para atraer a los espermatozoides a su encuentro. Éstos, por su parte, están dotados de unos receptores olfativos (recientemente descubiertos) con los que captan esas "señales" que envía el óvulo y que les ayudan a encontrar el camino correcto.

Los científicos han comprobado, además, que existen otras sustancias capaces de atraer a los espermatozoides. Un experimento reciente mostró cómo el olor de una determinada flor (en concreto, el lirio de los valles) les atraía tanto que inlcuso llegaban a duplicar su velocidad de desplazamiento.

Este hallazgo sugiere que existen sustancias aromáticas que inducen a los espermatozoides a moverse en una determinada dirección. Esto podría tener aplicaciones futuras en el campo de la inseminación artificial, para aumentar las posibilidades de embarazo.

Los investigadores han realizado otra comprobación interesante: la existencia de una sustancia olfativa bloqueante que hace ineficaz el estímulo que envía el óvulo. Sus descubridores creen que en el futuro esto podría dar lugar a nuevos métodos anticonceptivos: bastaría con "tapar la nariz" a los espermatozoides y así impedir que encuentren el óvulo.

Trabajo en equipo

Una vez producido el encuentro del óvulo y los espermatozoides en la trompa, queda lo más dificil: la fecundación. Por suerte, los espermatozoides pueden sobrevivir hasta 120 horas en el aparato genital femenino. Así las cosas, si se tienen relaciones sexuales cinco días antes de la ovulación, existe la posibilidad de que la mujer se quede embarazada.

Como todos los grandes organismos unicelulares, el óvulo está rodeado de una capa protectora, llamada zona pelúcida, bastante gruesa y poco penetrable. Se precisa que una gran cantidad de espermatozoides "erosionen" esa envoltura durante un tiempo, en una especie de trabajo en equipo, hasta que la membrana se "rompe" en un punto. Solo entonces, el espermatozoide situado delante del desgarro puede penetrar y fecundar el óvulo.

El proceso podría compararse con el asalto a una fortaleza. Es decir, se precisa una concentración mínima de espermatozoides para conseguir una fertilización natural. Si ésta es escasa, el trabajo en equipo no es posible y la fecundación no se produce.

Estos descubrimientos echan por tierra una creencia popular: al contrario de lo que se pensaba antes, el proceso no tiene nada que ver con una selección de espermatozoides, ni es el espermatozoide más rápido el que fecunda el óvulo.

Implantación en el útero

Después de la fecundación, el embrión se desplaza al útero y, pasados unos cinco días, empieza a anidar en él. Días más tarde, el embrión comienza a producir la HCG (hormona gonadotropina) que, junto con la progesterona y los estrógenos, posibilitan que el proceso siga su curso.

Si todo va bien, la gestación avanzará. Por el contrario, si el embrión no llega a implantarse en el útero, después de unos 12 días una hemorragia anunciará que el embarazo no se ha producido.

Etiquetas: concepción, embarazo, espermatozoide, óvulo

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