En el cerebro del bebé las neuronas ordenan las impresiones y las conectan entre sí. De ese modo se forman nuevas conexiones en su cabeza y el niño desarrolla una imagen de su entorno que se compone de las experiencias que recogen todos sus sentidos.
El bebé necesita una amplia gama de experiencias sensoriales para hacerse una idea de cómo es el mundo.
Los neurólogos han comprobado que incluso los más pequeños aprenden mejor si se estimulan todos sus órganos sensoriales y el del equilibrio. Y aconsejan que los padres fomenten el desarrollo de su bebé ofreciéndole un abanico amplio de estímulos.
Dar saltitos suaves con el niño en brazos o mecerle en una hamaca estimulan el equilibrio. Los objetos y juguetes de las fotografías, las telas de distintas texturas y colores... estimulan el desarrollo de los otros cinco sentidos del bebé. Eso sí, hay que evitar abrumarle.












