Por: María Quiñones.
{mosimage}A los bebes les encanta la piscina porque se divierten y se sienten libres mientras fortalecen su musculatura y su autoestima. Por eso, la matronatación puede ser muy positiva para su desarrollo. Te contamos todo lo que hay que saber para que tu hijo disfrute en el agua.
El agua representa para el bebé el reencuentro con un medio conocido y placentero. Claro que una piscina no es comparable con la tripa de mamá, pero si ella o papá le acompañan, la experiencia le resultará muy agradable. La matronatación, que es como se conoce a esta actividad acuática entre padres e hijos, tiene otras muchas ventajas.
En principio, lo de menos es que el bebé aprenda a nadar. De hecho, hasta los tres o cuatro años no será lo suficientemente mayor para ser autónomo en el agua, y aún entonces deberá estar siempre vigilado por un adulto. Cuanto más pequeño sea el niño (los seis meses es una edad perfecta para iniciarse), antes se aclimatará al agua y no le cogerá miedo. Y es que este elemento es el juguete más divertido para los pequeños que aún no caminan. Por si eso fuera poco, mientras juegan y se divierten, fortalecen sus músculos, desarrollan la coordinación motora y el equilibrio, socializan con otros bebés, se relajan e incluso comen más y duermen mejor. Pero, tal vez, lo más importante es lo mucho que disfrutan jugando libremente y sintiéndose seguros en brazos de mamá o papá.
Normas básicas
No conviene empezar hasta los cinco o seis meses, cuando el bebé ya mantiene la cabeza erguida, su sistema inmunológico ha madurado y tiene puestas sus vacunas. La temperatura del agua no debe bajar de 32 grados ni la cantidad de cloro superar el 0,6 por ciento. Al principio, las sesiones deben ser cortas, de 10 ó 15 minutos, para que el bebé se vaya acostumbrando. Después no conviene sobrepasar la media hora, ya que aunque el niño disfruta, también se cansa. Es recomendable entrar y salir del agua poco a poco, evitar que se asuste y no forzarle nunca a hacer algo que no quiere. A la salida hay que secarle inmediatamente y no dejarle solo en el agua ni cerca de ella en ningún momento.
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Miniducha. Para que se vayan acostumbrado poco a poco a la temperatura del agua, las mamás les mojan con una pequeña regadera. Una sensación muy agradable que les hace cosquillitas. | {mosimage}
Natación en pareja. La madre se mantiene a flote sentada sobre un par de churros (barras de espuma flexible). Mientras, sujeta al bebé por las axilas y le mueve suavemente de un lado a otro. Este ejercicio fortalece los músculos de las piernas y del cuello del pequeño. |
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Reponiendo fuerzas. Después de un rato a remojo, los bebés hacen un alto en el camino sobre una tabla acolchada. En ella descansan, pero también tienen que mantener el equilibrio porque la tabla se mueve con el vaivén del agua. Este ejercicio fortalece sus caderas. | {mosimage}
Siestecita acuática. Si la temperatura ambiente lo permite, al bebé no le vendrá mal pasar unos minutos tumbado sobre una tabla (muchos se duermen) flotando en el agua. Mientras tanto, mamá le pasea por la piscina y aprovecha para susurrarle cariñitos: le encantará. |
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Más difícil todavía. Pueden gatear sobre la tabla flotante casi con la misma seguridad que si se desplazaran por tierra firme. Otra opción es deslizarse en tobogán hasta el agua. Al entrar en ella se sumergirán completamente, pero gracias a los manguitos subirán enseguida a la superficie. | {mosimage}
Reunión de deportistas. Aunque estén con mamá, dar clase en grupo favorece la socialización con otros nadadores. Enfundados en sus albornoces, los pequeños descansan de su actividad acuática, divertida pero cansada. |
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