Cuentos cortos para niños

Compartiendo la magia de la Navidad

La Navidad es una época mágica llena de historias preciosas para ilusionar y emocionar. No te pierdas este cuento corto para ir compartiendo la magia de la Navidad.

COMPARTIENDO LA nAVIDAD

Era Navidad. Sí, otra vez Navidad. Y Jaimita estaba triste porque seguramente no conseguiría su deseo de esas fiestas. Siempre ocurría lo mismo. Tan lejos de la ciudad y con unos padres dedicados al campo que apenas le dedicaban tiempo.

Tenía más deseos, claro. Pero el que más quería era... tener LIBROS: Y eso nunca lo conseguía.

La tristeza le embargaba todos los días mientras recogía patatas y tomates en el campo. Su única salida era ir al río a contemplar el agua fluir. Mientras pensaba qué bonito sería poder viajar como el agua hasta la gran ciudad y de esta manera poder visitar las grandes librerías y bibliotecas que allí se encuentran.

"Jaimita siempre imita", decían sus amiguitos.

Y es que Jaimita siempre copiaba las ideas de sus compañeros. Así que, para conseguir libros, copió una idea de su profesora.

Una idea muy buena que consistía en pedir a los niños que le recomendasen libros y luego se quedaba con ellos. Muy lista la profe.

Así que Jaimita pidió a sus amigos, vecinos y compañeros que le trajesen libros.

Y así ocurrió.

Una semana después, tenía acceso a un montón de libros.

Todos esos libros estaban bien custodiados, porque los quería tanto, que los consideraba como unos tesoros increíbles.

Les gustaba el libro del muñeco del Choco, los que tenían unas brujas horribles viviendo dentro de sus páginas, piratas aventureros, etc.

Se imaginaba como cada uno de los protagonistas, y se vestía en sus sueños de pirata con parche en el ojo y pata de palo. Por supuesto, un loro de miles de colores le acompañaba.

Pero también le encantaba leer las historias de princesas, guerreros y caballeros. Los libros de grandes y terroríficos monstruos con grandes cuernos y ojos saltones. Esos libros que te llevaban a otros planetas más cálidos e irreales, donde vivían los marcianos.

En esa gran cantidad de sueños de libros que vivía en su vida Jaimita se encontró un día en la orilla del río a un niño. Pecoso, con pelo rizado y pelirrojo. Tenía unos ojos tan llenos de hermosura que le invitaron a hablarle.

El cartero visitaba esa casita del campo cada día, y cada día llegaba sin noticias. Pero... un día llegó con una gran caja para Jaimita.

_-¿Quién eres? -le preguntó Jaimita-. ¿Cómo te llamas?

-Creo que me llamo Cardo o algo así. Lo que me pasa es que no tengo memoria.

-¿Para qué has venido?

-Para invitarte a entrar en una caja mágica que tengo aquí? ¿Te atreves?

-¡Claro que sí! -respondió ella-. Me encanta entrar en cajas. Me gustan los misterios y los secretos.

-Pero es una caja especial... Es una caja navideña... Y tiene muchas cosas raras...

Había muchas cartas y encontró en ellas multitud de opciones para viajar a grandes ciudades, lo único que tenía que hacer era entrar en esa caja y dejarse llevar. Con multitud de opciones a barajar eligió Madrid, lejos de su pueblo natal, pero relativamente más cerca que Barcelona. De repente la carta era mágica y la llevó directamente a Madrid. En la que pudo ver muchas bibliotecas y en una de ellas encontró a Ricardo, su amigo. Le saludó y...¡Estaba en Madrid!

Juntos entraron a la preciosa biblioteca. La biblioteca de suelos de madera y paredes de mármol era realmente mágica. Su aroma a pino hacia que los dos se sintiesen como si estuviesen levitando. Los libros, eran igualmente de mágicos, los abrías y las historias salían volando a tu alrededor.

El silencio envolvía la sala, larga y en penumbra. Con estanterías que llegaban hasta el techo. Pero algo se escuchó, y le siguió un pequeño aletear, como si una mariposa volara sobre sus cabezas.

Los libros volaban de arriba abajo, de un lado para otro, aquello era un auténtico revoloteo de libros que subían y bajaban. De repente, un libro cayó al suelo y de él salió un personaje.

¿Quién queréis que salga? -preguntó el narrador al público.

-Lory y Loringa se dejaron ver... ¡hasta la cintura! ¡Faltaba la mitad de su cuerpo! ¡Menudo drama! ¿Qué hacer?

-¡Tengo una idea! -dijo Jaimita-. Repetid sus nombres hasta que se vean del todo...

¡Lory y Loringa! -gritaban todos-. ¡Lory y Loringa! ¡Dejad que os veamos enteros!

-¡Más fuerte! -pidió Jaimita.

-¡Todos a la vez!

¡Lory y Loringa!

Y el milagro ocurrió: Lory y Loringa se dejaron ver enteros... Gracias a los que les habían llamado.

-Gracias por llamarnos –dijeron los dos a la vez-. Un millón de besos.

-Hemos podido salir gracias a la magia de vuestras palabras, a vuestras ganas de leer y, por qué no, a la magia de Merlín, nuestro amigo...

Y los niños pensaron que...

 

 

Cuento cedido por Microsoft y Loqueleo Santillana

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