Cuentos cortos para niños

El cortador de bambú

3 minutos

Extracto de la leyenda anónima japonesa del siglo X que se considera el texto japonés más antiguo que existe.

cuento

Había una vez…

Había una vez un anciano que vivía con su mujer junto a una plantación de bambú.

Un día, mientras recolectaba unos brotes, encontró un árbol de bambú de cuyo interior salía una misteriosa luz.

Al acercarse a mirar, vio que dentro había un bebé niña. El anciano y su esposa no podían tener hijos, así que se quedaron a aquel bebé, al que llamaron Kaguya, con mucha ilusión.

A partir de aquel día, cada vez que el anciano iba a recolectar bambú encontraba oro en el interior de los árboles; de esta forma, consiguieron tener una gran fortuna en pocos años. Mientras tanto Kaguya creció y se convirtió en una joven muy hermosa cuya fama se extendió por varios reinos.

Cinco fueron los príncipes que acudieron a cortejarla y a cada uno de ellos, la joven les exigió cinco pruebas imposibles para conseguir su corazón. Como era de esperar, ninguno de ellos consiguió superar los retos, y volvieron a sus reinos tristes, enfadados y avergonzados.

La fama de la princesa llegó hasta el emperador

Y así, el emperador quiso conocer esa extraordinaria belleza de la que todos hablaban.

Cuando la vio se quedó prendado de ella y enseguida le propuso matrimonio, a lo que la joven se opuso.
Durante esos días de verano, los ancianos padres de Kaguya observaron que la joven miraba a la luna y lloraba y cada vez que le preguntaban el porqué de sus lágrimas ella no contestaba.

Un día antes del día de luna llena, por fin Kaguya confesó el origen de sus lágrimas: explicó que venía de la luna y que cuando esta estuviera llena, los habitantes de la luna irían a buscarla. Lloraba porque no quería irse, pero nada podría evitar que la fueran a buscar.

Así pues, el día acordado, los señores de la luna, bajaron a por Kaguya dejando cegados a todos a su paso.

La princesa había dejado una carta de despedida para el emperador

El emperador, desolado, mandó a un ejército a lo alto del monte Fuji para quemar la carta, con la esperanza de que llegara hasta la distante princesa.

Años más tarde, un monje llamado Miatsu vio caer desde lo alto de la luna la capa que le pusieron a Kaguya antes de llevársela de vuelta a la luna, y corrió a decirle al emperador que la princesa estaba tan triste por haber tenido que dejar la Tierra que había decidido convertir la tierra en un lugar como la luna; sin espacio, sin tiempo y sumido en una noche eterna, para poder regresar.

El emperador le pidió entonces al monje que sellara a Kaguya en un lugar desde donde no pudiera regresar y Miatsu así lo hizo, en un espejo del palacio, de esta forma, la humanidad estaría a salvo de la princesa de la luna.

Pero Kaguya se enteró a través del susurro de uno de los sirvientes encargados de custodiar el espejo, y llena de ira pidió a los habitantes de la luna que hicieran que del monte Fuji saliera lava, fuego, cenizas y gases tóxicos.

La persona de la luna así lo hizo, y así convirtieron el monte Fuji en un volcán, que no hizo erupción, debido a que la rabia de la princesa no era suficiente; para que el volcán Fuji estalle tiene que esperar a que la rabia de la princesa se acumule. Desde entonces, las erupciones del Fuji han sido pocas pero muy violentas.

¡Y colorín colorado, este cuento se ha acabado!

Etiquetas: cuentos infantiles, cuentos para niños, dormir al bebé, libros para niños, nanas para el bebé

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