Cuentos infantiles con moraleja

Pedro y el lobo

2 minutos

¿Te acuerdas del niño que siempre se reía de la gente del pueblo y cuando necesitó ayuda de verdad nadie acudió a dársela por haber sido mentiroso? ¡Pues ahora tus hijos pueden seguir aprendiendo con él!

Pedro y el Lobo

 

Hace mucho, mucho tiempo, había un pastorcillo que se llamaba Pedro y que cuidaba de sus ovejas en los campos de los alrededores de su pequeño pueblecito. Cada mañana, muy temprano, el pastor salía a la pradera con su rebaño y se pasaba allí horas y más horas. A menudo, mientras veía cómo sus ovejas comian, Pedro se imaginaba cosas y pensaba qué podía hacer para entretenerse y que le pasaran las horas más rápido. 

 

¿Y si me divierto a costa de la gente del pueblo?

Un buen día, aburrido como estaba el pastorcillo contemplando sus ovejas, decidió que pasaría un buen rato divirtiéndose a costa de la gente del pueblo. Se acercó al pueblecito y empezó a gritar: 

- ¡Socorro, el lobo! ¡Qué viene el lobo!

Al oír los gritos de auxilio del pastor, la gente del pueblo dejó todo lo que estaba haciendo y se fue a ayudar al chiquillo. Sin embargo, cuando llegaron allí, se dieron cuenta de que se trataba de una broma de Pedro, que se reía a carcajadas. Los aldeanos se enfadaron y decidieron volver a sus casas. Cuando se habían ido, el pastor volvió a gritar:

- ¡Socorro, el lobo! ¡Qué viene el lobo!

Esta vez, la gente pensó que sería verdad y que, al presentarse el lobo feroz, el pobre Pedro necesitaría ayuda. Sin embargo, al llegar allí, se encontraron de nuevo con el pastorcillo riendo a carcajadas. Esta vez, los aldeanos se enfadaron más y se marcharon mucho más enfadados. 

A la mañana siguiente, Pedro sacó de nuevo a sus ovejas por el mismo lugar y aún se reía cuando recordaba lo que había ocurrido el día anterior. No se sentía arrepentido. Sumergido en sus pensamientos, Pedro no se dio cuenta de que se le acercaba un lobo. Cuando se dio media vuelta y lo vio, el miedo le invadió el cuerpo. Al ver que el animal se le acercaba más y más, empezó a gritar desesperadamente:

- ¡Socorro, el lobo! ¡Qué viene el lobo! ¡Qué va a devorar todas mis ovejas! ¡Auxilio!

Esta vez, sus gritos fueron en vano. Los aldeanos no creyeron a Pedro y no fueron a ayudarle. El pobre pastorcillo vio cómo el lobo se abalanzaba sobre sus ovejas, mientras él intentaba pedir auxilio, una y otra vez:

- ¡Socorro, el lobo! ¡El lobo!

Los aldeanos siguieron sin hacerle caso, mientras el pastor vio cómo el lobo se comía a sus ovejas. Entonces, Pedro se dio cuenta de que había sido muy injusto con la gente del pueblo y, aunque ya era tarde, se arrepintió profundamente y nunca más volvió burlarse ni a mentir a la gente.

Etiquetas: cuentacuentos, cuento, cuentos infantiles, cuentos para niños, niños, tiempo libre

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