Pruebas en el embarazo

Análisis de sangre en el embarazo: primer trimestre

Durante el embarazo se realiza habitualmente un análisis de sangre por trimestre. La sangre proporciona información abundante sobre la salud de la madre y del futuro bebé. Te explicamos qué se controla en el primer trimestre.

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Los análisis de sangre durante el embarazo sirven para conocer el grupo sanguíneo, comprobar los niveles hormonales, detectar enfermedades infecciosas, anemia, diabetes... Por ello, constituyen una prueba rutinaria del embarazo y suelen realizarse una vez al trimestre. Deben ser siempre la matrona y el ginecólogo los que valoren los resultados.

 

Análisis de sangre en embarazadas: qué se estudia en todos los trimestres

En todos los análisis se hace un estudio rutinario de la sangre para cuantificar los glóbulos rojos (hematíes), glóbulos blancos (leucocitos), plaquetas y otros parámetros, como hemoglobina (proteína que lleva el oxígeno a los tejidos) y hematocrito (volumen en sangre que ocupan los glóbulos rojos). En el embarazo estos niveles (salvo los leucocitos) disminuyen.

Casi todos los análisis de sangre se acompañan de un análisis de orina para examinar la presencia y la cantidad de proteínas o de determinadas bacterias. Al final del embarazo, descubrir, por ejemplo, proteínas en la orina es signo de preeclampsia o tensión arterial elevada; la presencia de azúcar puede desenmascarar la diabetes gestacional, mientras que la de acetona indica carencia de azúcar.

 

Embarazo: análisis de sangre en el primer trimestre

  • Grupo sanguíneo y Rh. Aunque ya se conozcan, es necesario determinarlos en este primer análisis. Si el Rh de la futura madre es positivo (Rh+), no existe ningún problema, pero en el caso de que sea negativo (Rh-), será necesario realizar una prueba llamada test de Coombs para asegurarse de que en el organismo de la mujer no existen anticuerpos que puedan dañar al feto, en caso de que este sea Rh+. Esta prueba se repite mensualmente a partir del quinto mes.
  • Toxoplasmosis. Si la embarazada no ha pasado esta infección parasitaria, deberá adoptar medidas preventivas, como no tener contacto con las heces de los gatos y no consumir verduras crudas, embutidos y carnes poco hechas. El contagio de la toxoplasmosis durante la gestación supone un riesgo para el feto.
  • Rubeola. Es frecuente tener anticuerpos de la rubeola porque en España se vacunaba a todas las niñas. Si no se es inmune, habrá que extremar la precaución, sobre todo en el primer trimestre, para no contraer la enfermedad.
  • Hepatitis B y hepatitis C. Cuando la embarazada es portadora de esta infección, no se prescriben medicamentos durante el embarazo, pero deben adoptarse medidas especiales en el parto y una vez que nace el bebé.
  • Sífilis y VIH (SIDA). Ambas pruebas se realizan por protocolo. El objetivo es prevenir la transmisión al feto en el hipotético caso de resultado positivo.
  • Cribado bioquímico. En la sangre materna hay enzimas del feto (BHGC, estriol y alfafetoproteína), que se miden para evaluar el riesgo de que tenga una anomalía cromosómica, como el síndrome de Down. Esta prueba de forma aislada no es determinante, el ginecólogo debe valorarla junto a los resultados de la ecografía de la 12ª semana. Si el porcentaje de riesgo de ambas pruebas es de 1 entre 250 o mayor, se aconseja realizar una amniocentesis.

 

Asesora: Matilde Fernández, Unidad Docente de Matronas de la Comunidad de Madrid.

 

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