Cambios en el cuerpo durante el embarazo

El espacio del bebé en la tripa de mamá

¿Dónde va a caber un bebé de tres kilos? ¿Qué pasará con mi vejiga, riñones o pulmones? Te contamos los cambios que sufrirán los órganos que rodean al útero durante los nueve meses de embarazo.

La vejiga Ver artículo Cambios en la alimentación durante el embarazo

¿A dónde se va la vejiga durante el embarazo? 

La vejiga reacciona ya al embarazo antes de que se te note la tripa. Se llena bastante rápido. La progesterona afecta especialmente a los esfínteres de la vejiga. Esta hormona está pensada en realidad para el músculo uterino, su función es calmarlo y que así el bebé crezca sin ser molestado. Pero por desgracia la progesterona se esparce por todo el cuerpo, y por eso los esfínteres dejan de funcionar a la perfección. Y si además el útero empuja, solo hay una solución: tener siempre un baño cerca.

¿Qué hacer?

Truco de la comadrona: al orinar, levanta un poco la tripa, para que la vejiga se vacíe por completo. Y ten en cuenta que hay que beber mucho, pese a que tengas constantemente ganas de ir al baño, para la circulación vaya bien.

El corazón

Lleno de fuerza

El corazón deberá bombear ahora cerca de un litro y medio más de sangre. Por lo que respecta al espacio, lo tendrá más o menos bien: está protegido por el tórax, ni siquiera al final del embarazo el útero llega a alcanzarle. Sin embargo, a menudo sientes palpitaciones y tienes una sensación de vacío en el pecho. Eso se debe a que con frecuencia no le llega suficiente oxígeno de los pulmones y el corazón late más rápido para que pese a ello el bebé tenga siempre un buen suministro de oxígeno.

¿Qué hacer?

El movimiento ayuda a que el corazón bombee. En estas semanas se recomienda especialmente ir a pasear caminando erguida o nadar. Cuando sientas palpitaciones, túmbate un rato, con la parte superior del cuerpo y las piernas elevadas. Así, la placenta estará bien irrigada y tu corazón podrá volver a trabajar más despacio.

El estómago

Su capacidad es mucho menor

A partir de la semana 34, cuando el bebé semana a semana engorde unos 200 gramos, tu estómago solo podrá asimilar en torno a la mitad de la cantidad de comida normal, por mucho que tú tengas un buen apetito. Este órgano está situado en el peor sitio y tiene que acomodarse justo donde se sitúa el punto más alto del útero. Debido a la presión proveniente de abajo, el esfínter del cardias se abre con más facilidad y el ácido gástrico sube al esófago, provocando acidez de estómago.

¿Qué hacer?

El mejor consejo de todas las comadronas: dividir las comidas en cinco al día. Así no tendrás nunca un hambre voraz ni te frustrarás. Son especialmente recomendables las cremas y purés de verduras con queso, porque llenan y no hacen daño.

El hígado

Rendimiento y adaptación

El hígado es uno de los órganos más importante para el metabolismo, ya que toma de los alimentos lo que tú y tu bebé necesitáis. Además, se ocupa de retener las sustancias dañinas y eliminarlas. Como se compone de tejidos flexibles, puede hacer sitio al bebé, encogiéndose y trabajando a toda velocidad.

¿Qué hacer?

Facilita las cosas al hígado y no comas demasiada grasa, porque tendrá que esforzarse en dividir las grandes moléculas de estas sustancias alimenticias. Habla con tu médico si sientes picores fuertes en todo el cuerpo, ya que puede ser que algo le esté sucediendo a tu presionado hígado. Para solucionarlo hay medicamentos.

Los pulmones

Un 25 por ciento menos

Ahora tus pulmones pueden aspirar un 25 por ciento menos de aire. Ambos están presionados por su parte inferior. Esto hace que te quedes sin aliento no solo al subir las escaleras, sino también al secarte tras la ducha. A partir de la semana 36, la presión va cediendo día tras día, porque la cabecita del bebé se hunde en la pelvis y deja más espacio libre arriba.

¿Qué hacer?

Al jadear se respira automáticamente por la boca. Intenta, al menos en una de cada dos respiraciones, inspirar por la nariz y expirar por la boca, para que salga todo el aire. Así volverá a entrar más aire fresco.

El intestino

Reducción del rendimiento

Al intestino le pasa como a la vejiga, siente los efectos de la progesterona, que no está pensada para él. La consecuencia es la pereza. Y a ello se suma la falta de espacio. Por eso, no sorprende que al final del embarazo a algunas mujeres no les responda bien. Y el estreñimiento es ahora especialmente incómodo, porque una se siente llena ya de por sí.

¿Qué hacer?

Beber mucha agua, moverse al menos un poco y alimentarse de forma sana durante el embarazo.

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