Aborto

aborto

Es la interrupción, natural o provocada, del desarrollo del feto antes de que tenga capacidad para vivir fuera del útero materno, esto es, en las primeras 21 semanas.

Los abortos espontáneos son los más frecuentes y suelen producirse en los tres primeros meses. Pueden ser consecuencia de traumas físicos de la madre, malformaciones uterinas, problemas en el desarrollo del embrión o enfermedades crónicas.

Se calcula que se producen aproximadamente en el 15 ó 20 por ciento de las gestaciones, si bien es difícil determinarlo con exactitud, ya que, en ocasiones, esta pérdida espontánea pasa inadvertida.

En este tipo de aborto cabe incluir varios casos:

Aborto diferido: No se produce sangrado vaginal y la muerte fetal sucede antes de la vigésima semana. El feto permanece retenido por lo menos cuatro semanas.

Embarazo con huevo huero: también llamado huevo abortivo o anembriónico: no llega a desarrollarse el embrión, casi siempre por causa de una alteración cromosómica. Se diagnostica hacia la sexta o séptima semana de gestación, al no verse el embrión.

Aborto ectópico: Ocurre en las primeras 12 semanas por una gestación producida fuera del útero.

Aborto espontáneo recurrente: Es cuando se padece más de dos o tres veces. La causa más frecuente es una aberración cromosómica en uno o en ambos miembros de la pareja. El médico suele recomendar un estudio para observar sus antecedentes clínicos y obstétricos y efectuar una evaluación exhaustiva de los padres. Este análisis debe ser previo a una nueva concepción. Una vez que se confirma el embarazo, se aconseja un seguimiento que ha de iniciarse temprano. El control médico es tan importante como el psicológico.

Tanto el aborto recurrente como el esporádico pueden deberse a factores ambientales y farmacológicos.

Síntomas
Son claros: molestias abdominales, dolor crónico y persistente de espalda y hemorragia vaginal. En estos casos, una ecografía confirmará si el embarazo sigue su evolución. A veces, la amenaza sucede de modo gradual, con pérdidas sanguíneas que van aumentando en cantidad poco a poco, el útero interrumpe su desarrollo, etc.

Tratamiento
Ante cualquier signo que permita intuir un aborto, habrá que acudir al médico inmediatamente. En caso de que éste diagnostique riesgo de aborto, recomendará reposo absoluto o relativo, según el caso. En algunas ocasiones, si finalmente se produce, el útero expulsa el embrión a través de contracciones que suelen acompañarse de hemorragia y cólicos en el bajo vientre.

Es importante conservar todo lo que haya sido expulsado para mostrárselo al médico. Él valorará si han quedado restos embrionarios y la necesidad de practicar una intervención quirúrgica para extraerlos.

Después de un aborto, se recomienda reposo relativo durante dos semanas aproximadamente, aunque la mujer podrá ponerse en pie después de uno o dos días. Además de la recuperación física, es fundamental la recuperación psicológica. Normalmente, al aborto le sigue un periodo de depresión, debido a la frustración que supone la pérdida del bebé esperado y también por la alteración hormonal que implica la interrupción de un embarazo. Si la etapa de depresión se prolonga o se agrava, habrá que solicitar ayuda médica.

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