Historias que conmueven

Descubren que su bebé no vivirá al nacer pero decide continuar su embarazo

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Una pareja de Oklahoma decidió continuar el embarazo a pesar de conocer que su hija nacería pero no sería capaz de sobrevivir.

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Robert y Abbey Ahern son una pareja estadounidense, residentes en Oklahoma, que con ya dos preciosas niñas de cuatro y dos años (en aquel momento) se animaron a ampliar la familia y Annie empezó a desarrollarse con aparente normalidad durante la gestación.

Looking good in those wings, babe! 😍 #ahernsinenid

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En un control ecográfico rutinario su vida cambió radicalmente: el bebé que esperaban tenía anencefalia, una enfermedad de desarrollo en la que extremo encefálico no es capaz de cerrarse por lo que se provoca una malformación cerebral congénita que se caracteriza por la ausencia parcial o total del cerebro, cráneo y cuero cabelludo.

Abbey se encontraba en la semana 19 de la gestación. Ante esta dolorosa situación el 95% de las mujeres deciden abortar ya que las posibilidades de que el bebé pueda vivir son nulas, sin embargo, esta mujer y su pareja forman parte del otro 5% de las estadísticas.

 

En un relato intensísimo, escrito en primera persona para la web goodhousekeeping, Abbey cuenta cómo se sintió, a qué miedos tuvo que hacer frente, la incomprensión general vivida y el dolor de saber que su hija Annie no sería capaz de disfrutar de su vida junto a sus hermanas Dylan y Harper.

En sus propias palabras “Buscar los nombres de nuestras dos hijas mayores fue complicado. Pero en aquel entonces, la decision fue muy fácil: Annie, que significa “gracia”. Sabíamos que tenía un propósito, a pesar de saber que ella no estaba hecha para este mundo”.

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Sin embargo, el día del alumbramiento llegó y la pequeña consiguió vivir 14 horas y 58 minutos. Casi 15 horas que fueron un auténtico regalo para la familia. Apoyados por una fuerte fe religiosa y por parte de su familia más cercana pudieron besar, acunar, amar y despedirse de su hija pequeña, la tercera de la familia. Las pequeñas hermanas, previo conocimiento de que Annie no podría irse a casa porque iba a estar “en el cielo con Jesús”, leyeron con la recién nacida un cuento y la besaron antes de tener que dejarla de nuevo con sus papás.

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Abbey y Robert decidieron, en el momento de enterarse de la anencefalia de Annie, que querían que su hija ayudara a curar enfermedades y a aumentar el conocimiento del mundo médico para poder evitar circunstancias similares a las que ellos tuvieron que vivir. A pesar de que los órganos de la pequeña no eran aptos para donarse debido a la insuficiencia respiratoria y a sus consecuencias a nivel orgánico, hay muchas otras formas en las que esta pequeña pudo ayudar a la ciencia.

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Pese a que esta madre afirma que el momento del nacimiento de su tercera hija no estuvo rodeado de tristeza, asegura que el embarazo y duelo tras la muerte de Annie no fue fácil ni para ella, ni para su marido y niñas y tampoco lo fue para el resto de su familia que, aunque querían ayudar, no sabían muy bien cómo hacerlo.

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Esta historia culmina con una buena noticia: Abbey y Robert tuvieron un cuarto bebé, otra niña de nombre Iva que a día de hoy tiene dos añitos.

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Etiquetas: ecografía, enfermedades, feto, gestación, gestación bebé

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