Primeras palabras

Lo que escucha el recién nacido deja huella en el cerebro

Lo que mamá le dice al recién nacido deja una huella imborrable en su cerebro y en su corazón. ¿Quieres saber cómo?

Hay razones de sobra para hablar mucho, mucho, mucho a un recién nacido.

Si alguna vez alguien pensó que no entienden, tendría que mantener una conversación cara a cara con uno: hay pocos oyentes hay tan buenos como él. Las palabras que le dedicamos son el germen de una comunicación que se extiende mucho más allá de las palabras.

Entiende desde muy pronto

Todo nuestro cuerpo se organizó en un medio acuático con la voz de nuestra madre de fondo, lo que quiere decir que hasta la última célula la conoce, la añora, la asocia a bienestar y, si la experiencia fue buena, se reorganiza en su presencia. Así de profundo es el efecto de la voz de mamá.

Al salir fuera, donde todo es extraño, sus palabras y su voz se convierten en un ancla de seguridad. Tranquilizan al bebé aunque la madre esté hablando con otros, y las palabras que se dirigen directamente a él lo impregnan de una forma muy especial.

Pero, ¿entiende el bebé lo que se le dice? Sí. “No entiende el vocabulario pero sí la semántica; pronto sabe si le hablas en broma, si tus palabras son de enfado o de amor”, apunta la logopeda Trini Cosano. Las palabras son percibidas no como una suma de significados, sino como un único mensaje (algo así como la impresión que nos deja una melodía) cuyo sentido viene marcado por el tono, la cadencia, la fuerza o suavidad de la voz.

Hay que hablarle por muchas razones

A menudo se incide en la importancia de hablar a un recién nacido para que vaya adquiriendo el lenguaje. Y es cierto que las palabras le ayudan a ir construyendo su propio lenguaje.

El cerebro de los bebés es un bullicioso centro de aprendizaje en pleno proceso de mielinización; cualquier estímulo lingüístico es bien recibido en las áreas encargadas del habla y la comprensión. Pero nuestras palabras en estos primeros meses de vida cumplen muchas más funciones que las de dotar de lenguaje a nuestro hijo en un futuro. Las palabras son, la mayoría del tiempo, el vehículo de nuestras emociones. No sólo estimulan sus centros lingüísticos, también los emocionales, es decir que mientras le hablamos le estamos conectando con todos nuestros sentimientos.

Hablarle es, además, una forma de reconocerlo. Por eso, es importante dirigirnos a él, contarle lo que le estamos haciendo (preparándolo para el baño, para comer, poniéndole la ropa para ir a ver a la abuela...), comunicar cómo nos sentimos. Hay que darles importancia, como personas que son, desde que nacen.

Háblale como si esperaras su respuesta

La forma en que el adulto le habla a un bebé tiene un nombre en lengua inglesa: babytalk.

Resulta que el adulto que se dirige a un bebé modifica de forma inconsciente su forma de hablar: nadie habla a un bebé como a otro adulto.

En general, sobre todo las mujeres, agudizan la voz, hablan más despacio y vocalizando, y lo hacen casi como si estuvieran cantando. Aunque no siempre es así, en realidad las madres están conectadas continuamente con sus bebés y son capaces de ir modificando su tono de voz en función de las necesidades del pequeño: agudizan su voz para atraer su atención, pero la ponen más grave y ronca si lo tienen que relajar (“ea, ea, ea, ea”), usan un tono más fuerte para estimularlo y suave para relajarlo. Se adaptan, vamos.

Para sorpresa de todos, el bebé respeta desde muy pronto el turno de palabra y por eso la conversación con él no debe ser un monólogo ininterrumpido. Hay que dejar espacios en blanco, como si esperaras su respuesta. Pronto empezará a rellenar esos espacios con sonidos o balbuceos.

También las canciones son una estupenda forma de compartir palabras. Los estudios demuestran que el bebé recuerda las que escuchamos en el embarazo.

Una huella para toda la vida

En una investigación reciente realizada por científicos de Montreal se descubrió que las primeras palabras dejan una huella en el cerebro para toda la vida, aunque el idioma se olvide o no se utilice jamás.

 

Etiquetas: bebé, cerebro del bebé, estimulación, lenguaje, madre, recién nacido

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