¿Consiento a mi hijo más de lo necesario?

Me eduqué en el ordeno y mando por lo que siempre tuve claro que con mis hijos sería mucho más conciliadora. Ahora que tengo un niño de 8 años me replanteo la cuestión porque hay veces que pienso que se ríe de mí. ¿Lo estoy haciendo mal?

El experto responde:

Atrás quedaron aquellas épocas remotas en que incluso se trataba a los padres de “usted”. Hoy impera un estilo de paternidad democrático, en que se tiene en cuenta la opinión de los hijos, en que el razonamiento y la persuasión son herramientas educativas habituales.

Es una evolución positiva, pero cuidado, porque a veces nos movemos por la ley del péndulo, de extremo a extremo. Hasta mí llegan consultas de padres con hijos ¡de cuatro años! que les imponen sus caprichos, a veces disparatados, en cosas como la ropa, las golosinas, los horarios… y entonces el cambio que mencionábamos deja de ser para bien. ¡Así que no eres el primero ni serás el último que duda sobre si está educando bien a sus cachorros.

Se puede y se debe contar con los gustos y preferencias de los niños, pero a ellos no les corresponde tomar las decisiones. La última palabra han de tenerla los padres. Forma parte de su tarea educativa el enseñar a los niños a aceptar ciertas normas y límites. Se puede explicarles esas normas que tienen que obedecer, pero no se debe entrar en discusiones interminables ni mucho menos permitir que ellos tengan la última palabra.

En educación son tan importantes el cariño como la autoridad y la firmeza. A veces hay que saber afrontar rabietas sin inmutarse (es lo normal) e incluso, pocas veces, imponer un castigo si hace falta. De lo contrario, a medida que los niños crecen, se van viendo las consecuencias: unos padres dominados por un pequeño tirano y más tarde un adolescente, un futuro adulto, con problemas de adaptación al contacto social y a los esfuerzos y frustraciones que supone la vida. En los casos más extremos, minoritarios pero en aumento, las dolorosas situaciones de padres maltratados.

En pocas líneas, las soluciones son: normas y límites claros, “noes” razonados pero firmes, buen temple para aguantar sin desmayo unos cuantos berrinches… y muchísimo cariño.

Respondido por Luciano Montero

Etiquetas: educación, niños consentidos, niños desobedientes, normas, padres

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