En familia

Comer en el restaurante con los niños, ¿una pesadilla?

El mayor se levanta y echa una carrerita entre las mesas, la mediana se empeña en hacer un puzle y el bebé llora desconsolado. ¿Es que no hay forma de tener una comida tranquila fuera de casa?

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Elenita, de un año, patalea desaforada en su trona, escupe el puré y se lo tira por encima a su hermano. Nacho, de tres años, le grita que es tonta y se pone a llorar. Nicolás, de cinco años, aprovecha la confusión para levantarse, sale corriendo para que no lo alcance su padre y se estrella contra el camarero y su bandeja cargada de platos. ¡Cataclás!

Con escenas como esta, igual es fácil comprender que algunos restaurantes, sobre todo en países anglosajones, tengan vetados a terremotos menores de edad. Los hay incluso que ponen carteles del tipo “No se permite el acceso a niños que griten”, como el que exhibe un local en Carolina Beach, EE UU.

Frustación de pequeños y mayores

Y es cierto que la mesa puede ser un caldo de cultivo estupendo para la frustración de pequeños y mayores, peor cuanto más “estricto” sea el entorno. “Cuando queremos que un niño se comporte como un adulto, que esté callado y quieto, que coma sin rechistar, que nos deje hablar sobre cosas de mayores, que no dé la lata… es cuando más se esforzará él en llamar nuestra atención, haciendo lo que más desaprobamos”, advierte la pedagoga María Indiano. “En esas ocasiones, entramos en un círculo vicioso en que los padres cada vez están más estresados, cansados y nerviosos, los niños también, y la batalla está servida”, añade.

Sin embargo, comer fuera con Elenita, Nacho y Nicolás no tiene por qué ser una pesadilla. Como apunta Cristina Núñez Nebreda en su blog Juegos de Niños, “tampoco vamos a recluir a nuestros pequeños en las clásicas cadenas de comida rápida o dejarlos en casa hasta que tengan 20 años, porque a comer fuera también se aprende así, comiendo fuera”.

De por sí, la novedad hace que muchos niños se alteren, por eso lo primero que podemos hacer es transmitirles tranquilidad. Los pequeños son un espejo del estado de ánimo de sus padres y, si estamos en una situación que nos estresa o nos produce ansiedad, su fina antena lo captará enseguida y no hará más que amplificarlo. “A mí me da mucha vergüenza llamar la atención en un restaurante o molestar a otros clientes, lo paso fatal”, admite Paloma, madre de Manuel, de 6 años, y de Carlota, de 3. “Lo que solemos hacer es ir a sitios que tengan una zona infantil o una terraza y su padre y yo nos turnamos para comer y para salir con ellos”, explica. Es una posibilidad, pero existen otras muchas.

Respetar sus horarios

El problema es que, cuando queremos que el niño se adapte a nuestras necesidades, a veces, no nos damos cuenta de que debe ser algo mutuo. En este sentido, a la hora de comer fuera conviene respetar sus horarios y no hacerles pasar hambre (algo que llevan fatal), teniendo en mente que en la mayoría de los restaurantes la comida suele tardar un buen rato en llegar a la mesa.

Para evitar este problema, Ana intenta dar de comer antes a su hija de 4 años. “Le doy siempre a su hora, o en casa o fuera, algo que lleve yo preparado en un termo. Luego, en el restaurante, puede picar si quiere, o levantarse, yo puedo relajarme y ya no estoy con el estrés de si ha comido o no”, confiesa.

También es comprensible que un chiquitín que ya se maneja sobre dos piernas quiera levantarse, moverse, explorar. En su blog Aventuras de una madre moderna, Verónica Toniolli aconseja “llegar pronto, para que los niños no se pongan nerviosos por el hambre y la espera y no haya demasiada gente; llevar pinturas, libros u otros juegos; y acortar la sobremesa, ya que hasta al más bueno de los angelitos le cuesta mantenerse sentado dos horas seguidas”.

¿Qué pedimos para ellos?

  • Expertos como el pediatra Carlos González o nutricionista Julio Basulto recomiendan platos que puedan compartir tanto niños como adultos. Algunas sugerencias podrían ser pasta, legumbres, pescado o verduras. Eso sí, adaptados a ellos (sin salsas que pueden resultarles raras, con menos sal o ninguna, por ejemplo).
  • Ojo con los menús infantiles típicos, como salchichas con patatas fritas, a veces, más pensados para resultarles atractivos que para ser sanos.
  • Si es un niño de pecho, estás de suerte, pues querrá su plato favorito del día. Y si alguien mira o se extraña de que le des de mamar en la mesa… ¡es su problema!
  • Déjales probar de tu plato. Si les da curiosidad averiguar a qué sabe eso tan “raro”, aprovecha.

 

Algunos detalles a tener en cuenta

  • ¿Habrá tronas en el restaurante?
  • ¿Es lo bastante espacioso como para que el carrito del bebé no estorbe al camarero o para que el niño pueda estirarse sin tirarle el vaso al señor de la mesa vecina?
  • ¿Tienen un espacio donde puedan desfogarse? (Terraza, zona de juegos, salón amplio, etc.).
  • ¿Es un local acostumbrado a servir a familias? Si es así, los camareros serán más afines y comprensivos con la infancia.

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Etiquetas: comida nutritiva, consejos para padres, familia, menú infantil, modales, niño come mal, nutrición infantil, padres, respetar normas

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