Carta de una mamá, como cualquier otra, a sus Majestades de Oriente

Carta de una mamá a los Reyes Magos

6 minutos

La escritora y madre, Diana Aller escribe una carta diferente a los Reyes de Oriente.¿Te imaginas lo que pide?

Sé que mi vida ha cambiado drásticamente en los últimos tiempos, y quizá estéis enfadados conmigo por haberos abandonado. ¡Hace ya muchos años que no os escribo!



Veréis, me fui haciendo mayor, me creí esa milonga de que los reyes son los padres, y ahora que soy madre, nadie me ha traído la corona, ni he cursado unos estudios preparatorios, ni he recibido notificación alguna de mi reinado. Así que, con cierta vergüenza por haber dejado de creer en vosotros, retorno a vuestra generosa presencia para escribiros mi carta.
Ahora que soy madre, nadie me ha traido la corona... así que con cierta vergüenza, por haber dejado de creer retorno a vosotros



Este año querría... alguna de esas cosillas inaccesibles para una madre como yo. ¡Seguro que vosotros, que sois magos, podéis conseguirlas!

Este año me he portado -así, en líneas generales- bastante bien.

Quizá los anteriores no tanto. Salí de botellón, fui rebelde, hice daño a quien quería (y también a quién no, pero eso no puntúa ¿verdad?) y se me fue la olla con varias cuestiones. Claro que, ¿a quién no le ha ocurrido?

Sé que vosotros, infinitamente comprensivos y generosos entenderéis estos deslices y otros más chungos… Dice mi madre que el diablo sabe más por viejo que por diablo, de lo que deduzco que vosotros tres, como monarcas inmortales que sois, habréis visto de todo. Y seguro que incluso lo comprendéis.

Estoy de verdad arrepentida de todo aquello. Bueno, de haber estropeado aquel traje de mi hermana el día que se lo robé, no. Viendo las fotos de entonces ¡Me doy cuenta de que era horroroso! Lo que pretendo, en cualquier caso, es retomar esta relación epistolar y pelín interesada entre vosotros y yo. Así que me dispongo a pediros unas cuantas cosillas, para que vosotros calibréis cuales merezco y decidáis al respecto. Ahí van:


1. ¿Os acordáis de cuando os pedí un set de maquillaje rosa de plástico? Pues este año quiero algo parecido pero sin purpurina y de primeras marcas.

Me he dado cuenta de que me maquillo poco y mal. El problema es que desde que tuve a mi bebé he ido dejando de lado ciertas cosas que ahora deseo retomar, y una sombra ahumada, una máscara de pestañas de esas milagrosas y un pintalabios favorecedor no creo que sean un capricho. ¡Ahora mismo es una necesidad retornar a las preocupaciones superficiales! ¡Es por mi propia salud mental! Sé que lo entenderéis, majetes.



2. No sé como pediros esto: veréis, necesito metros cuadrados. Tiendo a acumular cosas, y al no vivir sola, se multiplican los objetos. Me veo incapaz de prescindir de nada, o de tirar algo que no sea mío.

Y ya sabéis como es tener un bebé, lo lleváis viendo siglos. Puede que en la Edad Media no hubiera humidificadores, cunitas de viaje o pijamas-manta; pero seguro que las viviendas también se llenaban de trastos. Pediros una casa sería demasiado, así que, a ver cómo lo apañáis para poder ganar algo de espacio en la mía…



3. Quiero también un ajuar en condiciones para mi bebé. Ropita de cada temporada, con sombreros, calzado, ropa de baño, gorros… todo. ¡Es que no dura nada!

Veo que las famosas llevan a sus hijos como pinceles, y además celebran esos baby-shower en los que les regalan de todo. En España no ocurre esto, y me encantaría poder hacer unas fotos con mi bebé conjuntado, y no el body sucio y desgastado de siempre. A veces, tengo la sensación de que sería un desastre como celebrity y me gustaría cambiarlo, la verdad.



4. Además quiero una piel tersa y suave. No sé qué método será el más adecuado: un peeling en un spa; una crema carísima de extracto de perla virgen y granos de oro; o un masaje de tres horas y media… En cualquier caso, es algo inaccesible para mí, y seguro que una tontería para vosotros. He desatendido mi piel y quiero recuperar el tono y la tersura de antaño.

Bueno, ahora ya siendo sinceros...

Todas estas cosas me vendrían fenomenal pero, siendo sincera, puedo prescindir de ellas sin problema ¡De hecho he vivido sin ellas hasta hoy!

Se resumen en tiempo, espacio y atenciones para mí, que es algo que me viene de perlas, pero que sé que volveré a tener dentro de algún tiempo. Solo hace falta que mi bebé crezca un poco, que organice mi horario y gestione mi economía… Sé que llegará.

Pero lo que quiero pediros de forma inexcusable es mantener la ilusión que ahora estoy retomando con vosotros.

Quiero abandonarme, volver a la ingenuidad, crear proyectos, no juzgar ni ser juzgada, reír, esforzarme, olvidarme de las miserias cotidianas, alzar el cuello, asomarme y contemplar un mundo lleno de posibilidades.



La maternidad me ha cambiado la perspectiva vital, de pronto he formado una familia, y mi mundo se ha trastocado del todo.

Por supuesto es maravilloso, pero nadie me dijo lo duro que sería, lo que crecería, lo que me agobiaría… Ha sido una segunda adolescencia turbulenta que ha arrasado con mi cerebro y si me he decidido a escribiros es porque necesito fuerzas para afrontar eso que llevo retrasando toda la vida y se llama madurez.



Os quiero pedir paciencia ¡Esto de la maternidad no tiene nada que ver con que nos muestra la publicidad, Hollywood no nos ha enseñado qué ocurre con la pareja después tener un bebé, y ¡a mí nadie me ha explicado qué tengo que hacer en la vida!



Me estoy adaptando bastante bien, pero necesito una ayuda extra: necesito creer que alguien está velando por mí, que merezco ánimos y atenciones, que mi bebé tiene la mejor madre del mundo. Y esto solo lo podéis hacer vosotros, que sois reyes y sois magos.

Me da igual el maquillaje o tener una piel alucinante. Lo que quiero es ser un ejemplo para mi hijo, devolverle lo que pueda de todo lo que me aporta y enseña, mostrarle el camino, derretirme cuando me abrace, ver como crece y ríe, disfrutar de su niñez y ser un poco niña yo también.



A cambio, prometo hablarle de vosotros, enseñarle a pediros un montón de ilusiones cada año, escribir preciosas cartas con dibujos y explicaciones y, llegado el momento, contarle esa mentirijilla piadosa de que no existís, que somos los padres.

La vida nos pide madurar, pero si tiene cabeza, sé que volverá a vosotros como estoy volviendo yo hoy, tras darme cuenta de que lo realmente importante es tener ilusión. 

Y sé que me vais a traer mucha.


Etiquetas: Reyes Magos, hijos, maternidad, navidad con niños

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