Papá y mamá, “poli bueno” y “poli malo”: una situación que perjudica a todos
Cuando se vive una situación así, suele ocurrir que las madres son también las únicas que se encargan de enseñar a los niños ciertos hábitos, inculcarles lo que está bien o mal. A ellas les toca el aspecto más rutinario y menos grato de la educación. Papá, en cambio, es un señor que viene cansado y “para un rato que está con los niños, lo que quiere es disfrutar con ellos”. Una especie de “rey mago” al que solo le toca jugar, halagar y complacer.
A lo mejor incluso dice: “Mujer, déjale, no seas pesada” o “qué más da que hoy no se bañe”.
La educación es cosa de dos
La educación consiste en parte en crear a los niños ciertos hábitos y rutinas, lo que exige coherencia y perseverancia.
Si solo uno se encarga de hacerlo mientras el otro “pasa de todo” e incluso le desautoriza, se establece una nefasta división de papeles: uno malcría y al otro le toca hacer de ogro.
Ambos padres deben asumir por igual la responsabilidad de mostrar su autoridad y de inculcar a sus hijos normas y límites, no desautorizándose ante ellos.
Alguna vez pudiera darse el caso de que un cónyuge, en opinión del otro, es demasiado severo o le falta “mano izquierda”. Pero no es quitándole autoridad delante del niño como se solucionan las cosas. Lo que hay que hacer es dialogar en pareja y hallar puntos de acuerdo.
Cuando uno solo, padre o madre, tiene que ejercer la autoridad, se desequilibra la relación afectiva del niño. Los dos deben combinar la autoridad y la ternura.
Por: Luciano Montero, psicólogo infantil y asesor de Ser Padres.
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