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Unas amígdalas inflamadas no constituyen razón suficiente para extirparlas. Sepamos cuál es su función y cómo deben tratarse.

Éste es el nombre popular de la inflamación de las amígdalas (también llamada amigdalitis), uno de los trastornos más comunes en la infancia, sobre todo en niños de tres a seis años. ¿Cuándo se deben extirpar las amígdalas? Realmente ésta es la primera cuestión que todo padre se plantea al oír hablar de anginas. Lo peor es que no hay una respuesta demasiado precisa. La más convincente es la de aquellos pediatras y especialistas que recomiendan que se eliminen cuando perjudican al desarrollo y no en cuanto molesten, como se hacía hace décadas. Esto es:

- Si su tamaño impide la respiración correcta o el paso fluido de alimentos sólidos. La falta de oxigenación puede producir apnea del sueño (pausas en la respiración mientras el niño duerme).

- Si se han convertido en un foco de infección constante que deriva en cansancio, pérdida de apetito, exudado mucopurulento e hinchazón y dolor en los ganglios del cuello. Y cuando se sufren más de seis episodios al año.

En caso de acumulación de pus en las amígdalas, formándose un absceso alrededor de ellas y dificultando la eficacia de los antibióticos. Cuando las amígdalas presentan este estado producen molestia al tragar, dolor de oído y malestar general.

La operación es sencilla:

se extirpan las dos amígdalas y a continuación se ligan los vasos sanguíneos que las alimentan. La anestesia suele ser general y el posoperatorio, breve. A veces requiere la hospitalización.

Actualmente se puede quitar la zona dañada de las amígdalas dejando una parte sana para que fabrique defensas. La operación se realiza mediante láser.

Cómo se reconoce una inflamación de amígdalas
El tamaño no es un buen indicador, por lo que las apariencias a menudo engañan.

1. Las amígdalas sanas, de tamaño normal, desempeñan una importante misión en la salud del niño: estimulan su desarrollo inmunitario y ayudan a prevenir las inflamaciones ocasionadas por virus y bacterias en las vías aéreas.

2. Unas amígdalas inflamadas presentan un aspecto rojo y brillante. Son síntoma de una infección que suele ir acompañada de fiebre alta, dolor al tragar y malestar general. Pero no siempre indican una necesidad de intervenir quirúrgicamente.

3. Las amígdalas con placas de pus asustan mucho a los padres. No obstante, a veces no es más que una forma más de amigdalitis que se puede curar con un tratamiento.

4. Cuando las amígdalas están provocando serios problemas de respiración o infección, debe ser el especialista quien recomiende el tratamiento, médico o quirúrgico.

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