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Animales domésticos

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Es sabido que los perros, los gatos, los canarios... los animales domésticos resultan seres mágicos para los niños, les transmiten vitalidad.

Un animal de compañía constituye para el pequeño una fuente de contacto físico, afecto y aceptación incondicional, despertando en él un incalculable componente emocional.

En estudios realizados en numerosos países, los psicólogos demuestran que el contacto con los animales, igual que con la naturaleza, tiene poderosos efectos sobre la atención, estimulación y la capacidad de expresión verbal y de aprendizaje de los niños. El psicoterapeuta Boris Levinson, por ejemplo, señala que los niños ven a los animales como seres que les aceptan y dependen de ellos, se sienten seguros y son capaces de expresar sentimientos que, hasta entonces, no habían sabido compartir con los humanos.

Lo mejor es que esta relación que el niño establece con el animal deriva fácilmente a una mejor interacción con la persona adulta. De ahí el éxito de las terapias asistidas con animales aplicadas en menores que padecen problemas de timidez, autismo u otros trastornos físicos o psíquicos.

Mascotas sí, pero con higiene
La presencia de un animal doméstico en el hogar exige unas reglas de higiene que, si bien son sencillas, deben respetarse escrupulosamente:

- Nunca hay que dejar que los animales se acerquen sin vigilancia al bebé. A veces los perros (más que los gatos) muestran ataques de celos y podrían llegar a atacar.
 
- Evitar los parásitos mediante el uso regular de tratamientos preventivos.

- Cuidar que el niño jamás bese al animal, sobre todo cerca de la nariz y de la boca. Si éste llegase a lamer al pequeño, habría que lavarle inmediatamente.

- Vigilar que se lava siempre las manos después de haber jugado con el animal, sobre todo antes de las comidas.

- Consultar inmediatamente con el médico si se sospecha la existencia de tiña, un hongo que, aunque se diga lo contrario, aún no ha desaparecido. Esta enfermedad cutánea, que suele manifestarse en forma de manchas rojo blanquecinas, es muy contagiosa. Se transmite fácilmente del animal al niño.

- Cualquier animal que conviva con una familia debe cumplir su calendario vacunal y pasar las revisiones veterinarias oportunas.
 
- Mantener la casa limpia, libre de pelos, deposiciones, babas... que pueda ir dejando el animal.

- El niño no debe entrar en contacto con el recipiente de comida ni con sus excrementos.

- Si se produce una infección, debe tratarse con urgencia.

- Su presencia es desaconsejable cuando existen antecedentes familiares alérgicos.

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