¿Por qué nos siguen a todas partes?

Un año: la sombra de mamá

Con un año, el niño es capaz de desplazarse por sí mismo y se da cuenta de lo diminuto que resulta él en el mundo.

Un año: la sombra de mamá

Estar cerca de mamá le da confianza para explorarlo por su propio pie. Es importante transmitirle nuestro apoyo en esta nueva etapa, y no miedo o angustia. Los niños de un año se encuentran en un momento muy específico de su crecimiento, y esto de convertirse en la sombra de mamá es una característica común en todos ellos. Muestran una intensa fijación por la principal figura de referencia (normalmente la madre) y rechaza a los demás, incluso a familiares a los que no ve todos los días.

Cuando tiene una cuidadora o está mucho con la abuela, el apego del pequeño puede diversificarse un poco más, pero se sigue ciñendo a un círculo exclusivo, y casi siempre se centra sobre todo en una persona.

¿Por qué no se separan de mamá?

Puede llamarnos la atención que el niño de un año, que ya es capaz de desplazarse por sí mismo, que ve cómo sus facultades físicas progresan, que puede campar a sus anchas, se haga precisamente ahora tan pegajoso y asustadizo.

Pero es precisamente en el momento en que empieza a caminar, a tropezar y a caerse, a comprobar que no alcanza todo lo que quiere y lo que es incapaz de hacer, cuando se da cuenta de lo ancho, difícil y hasta amenazante que puede resultar el mundo.

Piensan que mamá ha desaparecido

Con un año de edad, lo que no está presente sencillamente no existe. Imaginemos lo que pasa por su cabeza cuando quien desaparece es la persona más importante sin la cual su vida es inconcebible.

La capacidad de quedarse solo con la confianza de que mamá volverá es algo que no se conquista de un día para otro, lleva su proceso:

  • Por parte de los padres requiere comprensión, tolerancia y una actuación equilibrada en la que el niño goce de nuestra protección y cariño constantes.
  • También necesita sentirse apoyado para avanzar hacia una progresiva autonomía, que él también desea, en la medida en que va pudiendo asimilarla.
  • La mejor manera de actuar es no caer en los extremos: ni ser sobreprotectores ni empujarles hacia una independencia para la que aún no están preparados.

El sentimiento de apego

  • Apego es la especial relación que el niño mantiene con la persona o personas más allegadas.
  • Desea su proximidad, interactúa frecuentemente con ellas por el tacto (contacto físico, caricias), la vista y el oído.
  • Busca el apoyo y ayuda de estas personas, sobre todo en los momentos de ansiedad y tristeza, y siente angustia cuando se separan de él. Además, se apoya en ellas para explorar el mundo.
  • Cuando siente que la madre u otra figura de apego está cerca, el niño es capaz de moverse de un lado para otro, explorar nuevos lugares, relacionarse con otras personas y, respaldado por ella, separarse e independizarse por periodos cada vez más largos.
  • Cuando se siente inseguro porque la figura de apego se aleja demasiado tiempo o porque no hay una buena relación afectiva, entonces esa necesaria exploración del mundo se paralizará por la ansiedad.

Cómo suavizar las separaciones

  • Conviene que el niño se acostumbre a estar con otras personas además de los padres lo antes posible.
  • Tenemos que informarle cuando vayamos a ausentarnos, ya que así se puede preparar, aunque le cueste. También hay que despedirse de él, aunque llore. Se sentirá más abandonado si nos vamos por sorpresa y sin decirle nada.
  • Un peluche o el muñeco preferido le ayudan a soportar la ausencia. También es bueno que tenga algún objeto de sus padres para que los tenga presentes.
  • Es bueno que se familiarice por anticipado con las personas que lo cuidarán en ausencia de los padres, por ejemplo, con la canguro o la abuela.
  • Si le explicamos adónde vamos a ir y qué haremos le tranquilizaremos en alguna medida. También hay que decirle cuándo volveremos: 'Para darte de cenar' o 'cuando estés dormido, y mañana te despertaremos como cada día'.
  • No prolongar la despedida. Es conveniente seguir un ritual: un beso, decir adiós... Si eternizamos la despedida, parecerá que es para siempre. Seamos muy cariñosos en el reencuentro, contémosle qué hemos hecho, lo mucho que nos hemos acordado de él... Si está enfadado por la ausencia, seamos comprensivos.

 

 

Etiquetas: 1 año, apego, autonomía, mamitis, separarse de la madre, sobreproteger

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