Niños difíciles

¿Es mi hijo un bebé de alta demanda?

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Sabíamos que no iba a ser fácil, pero... Algunos padres, después de un año de calmar cólicos, afrontar llantos, hacer acopio de todo el buen humor del mundo y leerse todos los manuales de psicología infantil que caen en sus manos, empiezan a preguntarse si su pequeño no será de esos niños que llaman difíciles o de alta demanda.

¿Es mi hijo un bebé de alta demanda?

 Aunque es cierto que nunca es fácil, en algunos casos parece que la relación con nuestro hijo comienza torcida y la culpa y la angustia se apoderan de nosotros. ¿Tendrá esto que ver con la cesárea? ¿Le he dado demasiado pecho o demasiado poco? ¿Mis nervios de los primeros días le habrán afectado? Frente a este torrente de malestar, se impone la reflexión: comprender y conocer al hijo que tenemos es la base de una mejor relación y, cuando hay amor, siempre se puede volver a empezar.

 

¿Cómo reconocer a un bebé de alta demanda?

Partimos de la premisa de que a esta edad todos son difíciles (es la etapa de la frustración y las primeras pataletas). Así que hay que tener claro qué entendemos por un niño difícil “de verdad' o bebé de alta demanda.

 

  • Es muy demandante: son pequeños que se muestran inseguros, temerosos y con poca seguridad en casi todas las situaciones, por lo que necesitan de nuestra intervención casi constante.
  • Llora mucho y expresa malestar constantemente: a veces podemos identificar lo que provoca su llanto, pero otras muchas somos incapaces de saberlo. Su malestar es difícil de atribuir.
  • Tiene muy mal humor, no le vale nada: pese a nuestros intentos por complacerle o calmarle, él se muestra insatisfecho.
  • Es muy inquieto: duerme de manera muy agitada e, incluso, en momentos de calma o inactividad, parece estar tenso o incómodo.

 

¿Cuestión de química entre padres e hijos?

Al margen de la posible herencia genética que, efectivamente, puede predisponer a tener un temperamento determinado, en estos casos lo que más peso tiene es, precisamente, la combinación del carácter del niño y el de los padres. Y es que la forma de ser y las necesidades de todos no siempre encajan bien. De hecho, hay niños que en determinadas familias podrían perfectamente ser unos “angelitos”, mientras que en otras son considerados muy difíciles y su comportamiento, además, lo corrobora. Y aunque es cierto que, a veces, las dificultades se derivan de cierta falta de recursos educativos, no siempre es así: padres perfectamente preparados pueden encontrarse con que sus esfuerzos chocan frontalmente con el carácter y las necesidades de su hijo (o uno de sus hijos), haciendo muy difícil la convivencia.

Tan solo hay que imaginarse unos padres de talante tranquilo y vida reposada con un pequeño muy inquieto, aventurero e inconformista: lo normal es que les resulte muy difícil comprender las necesidades, frustraciones y tensiones del niño. Y a la inversa, unos padres muy activos cuyo hijo remolonea y no quiere “marcha” de ninguna clase se preguntarán por qué ninguna de las actividades que hacen consigue satisfacer a su peque, que se muestra irascible e insatisfecho.

 

Cada niño, un mundo: es importante adaptarse

No existe un estilo educativo uniforme que funcione para todos los niños. Las normas de convivencia (límites) y el manejo exitoso de las situaciones cotidianas dependen, en gran medida, de las necesidades y carácter del pequeño. Por ejemplo, hay niños que responden muy bien a un nivel de exigencia elevado, mientras que con otros sucede justo lo contrario. Hay pequeños a los que basta con explicarles las cosas para que las entiendan, mientras que otros necesitan otro tipo de intervenciones más prácticas (como llevarles de la mano a tal sitio, en vez de pedírselo e insistir hasta enfadarnos).

Por eso, cuando la convivencia no funciona, se impone el esfuerzo de probar fórmulas nuevas, aunque a priori nos parezcan totalmente contrarias a nuestras ideas. ¿Es posible que mi hijo se sienta más cómodo en la trona que en la bandolera? Pues sí, ¡es posible! En la trona la estimulación que recibe es diferente. Así que si las cosas van mal, es importante liberarse de prejuicios y probar hasta dar con la solución.

 

Consejos para facilitar la convivencia con un niño difícil

  • Evitar las palabras negativas. Aunque parezca que no nos entiende, lo capta todo y nuestros comentarios de desesperación (“esto es imposible”) son los primeros mensajes que recibe sobre sí mismo.
  • No complacerle a toda costa. En ocasiones estamos tan hartos de peleas y gritos que acabamos “claudicando” para evitar situaciones complicadas. A corto plazo puede que esta estrategia funcione, pero en poco tiempo tendrá el efecto contrario: al no tener unas referencias constantes, los niños se sienten inseguros y angustiados.
  • No retirarle el afecto. Responder a los retos infantiles con calma, firmeza y mucho, muchísimo amor es más eficaz que el más elaborado de los castigos.
  • No etiquetarle. Es posible que no haya hecho otra cosa que ponérnoslo difícil, pero flaco favor le haremos si a tan corta edad decidimos que “es” de tal o cual manera.
  • Cambiar de cuidador. No hay nada como cambiar de “manos” para aligerar tensiones. No pasa nada por aceptar que no podemos con todo y que tanto nuestro hijo como nosotros podemos beneficiarnos de la manera de hacer las cosas de otra persona.
  • Señalarle cuándo está siendo “fácil”. O lo que es igual, alegrarnos cuando está siendo mimoso, tranquilo, sonriente, zalamero, divertido...

 Violeta Alcocer es psicóloga

 

 

Etiquetas: cómo educar hijos, rabietas

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