Sueño infantil

La siesta: todo lo que necesitas saber

¿Cuánto necesita dormir un niño? ¿A qué hora debería echar la siesta? ¿Y cuánto tiene que durar? ¿Qué pasa si se niega? ¿Si duerme mucho por la tarde le costará dormirse por la noche?

La siesta: todo lo que necesitas saber

Reforzar el sueño nocturno con una o dos siestas diurnas ayuda a los niños a asimilar mejor el aprendizaje y a estar más frescos y de mejor humor. Te contamos todo lo que necesitas saber sobre la siesta.

¿Cuánto necesita dormir?

Entre los seis meses y el primer año se consolida el sueño nocturno y lo habitual es que los pequeños empiecen a dormir de seguido por la noche. A los dos años siguen necesitando entre una y dos siestas diurnas para completar el sueño nocturno. A esta edad, duermen una media de doce horas diarias, de las cuáles diez suelen ser nocturnas y dos diurnas. A medida que el niño crece, el número de horas que duerme se reduce progresivamente, sobre todo a costa del sueño diurno. Y nos plantamos con cuatro años, cuando duermen aproximadamente diez horas y media.

¿Por qué debe dormir siesta?

Más bien deberíamos preguntarnos qué ocurre si no la hacen. Y es que no solo les ayuda a “recargar las pilas” a mitad del día, también les facilita el aprendizaje. Porque al estar más descansados, los pequeños asimilan mejor los descubrimientos de la tarde. Lo mismo ocurre con los hábitos alimenticios: si a la hora de la comida o de la cena el niño está cansado, lo más probable es que coma peor o incluso se quedé dormido durante la ingesta. La siesta les ayuda, además, a llegar más relajados a la hora de meterse en la cama por la noche, lo que sin duda hará que disminuyan las clásicas peleas con un niño enfurrruñado que tiene tanto sueño que no se puede dormir.

¿A qué hora?

Vamos a contar lo ideal (que a veces es imposible de cumplir, claro): lo suyo es que hagan varias siestas y que la primera del día tenga lugar a media mañana, tres o cuatro horas después de que el niño se haya levantado. A estas alturas ya habrá jugado, experimentado y correteado tanto que es muy posible que se necesite reponer fuerzas para llegar descansado a la hora de la comida. El momento propicio para la segunda siesta es después de comer aprovechando la dulce somnolencia que embarga al pequeño cuando ha comido bien y se siente lleno.

¿Cuánto dura una siesta?

Si el niño echa dos siestas al día, cada una podría durar entre 45-60 minutos. En caso de una única siesta, en teoría no debería prolongarse más de dos horas, pero son valores aproximados. Cada pequeño es un mundo y tiene sus propias necesidades. Como padres debemos observarles atentamente para conocer qué es lo mejor para ellos en cada momento. “Bosco tiene dos años y duerme dos siestas diarias, una por la mañana y la otra después de comer”, nos cuenta su madre. “En su caso, la segunda siesta es mucho más corta que la primera porque sus hermanas salen del cole a las cuatro y media y tenemos que recogerlas a esa hora. Por eso, compensamos una siesta con la otra”.

¿Le acostamos siempre a la misma hora?

Sí, es lo ideal. Conviene establecer un horario fijo de siestas para que el niño coja el hábito y sienta el sueño siempre a la misma hora. No pasa nada si un día no se echa la siesta o se la echa más tarde. Esta es una época llena de cambios, así que tienen flexibilidad para adaptarse a las cosas nuevas. Eso sí, siempre que estas variaciones sean ocasionales, porque si son constantes, perderán las rutinas que tanto nos ha costado conseguir.

¿Podemos despertarle?

En principio no. El sueño del pequeño tiende a autoregularse, por lo que, si un día la siesta se alarga más de lo habitual probablemente sea porque el niño verdaderamente necesita recuperar energías. Puedes despertarle si lleva más de dos horas dormido o son más de las cinco de la tarde, ya que una siesta demasiado larga o tardía podría dificultar el sueño nocturno.

¿Y cómo?

Siempre con sumo cuidado, porque podría estar en fase de sueño profundo y despertarse cansado o irritado. Lo más recomendable es abrir la puerta, dejar que entre más luz o ruido en la habitación y que así el dormilón se despierte lentamente. Si no funciona, prueba a mecerle suavemente o a hablarle bajito.

¿Seguimos los mismos rituales de por la noche?

Al igual que los adultos repetimos determinadas actividades antes de dormir: lavarnos los dientes, ponernos el pijama, leer un libro o ver la tele en la cama, etc., los niños identifican algunas rutinas con el sueño: abrazar a su osito de peluche, el cuento que le lee mamá, etc. Por eso, realizar los rituales de la noche a la hora de la siesta les ayudará a dormir mejor.

¿Luz encendida o apagada?

Es importante que haya una ambiente de penumbra (no hace falta que haya total oscuridad, como la noche) para que el niño aprenda a relacionar la oscuridad con el sueño y la luz con la vigilia. Esto le ayudará a dormir mejor y a diferenciar las etapas del día. Además, en la oscuridad aumenta la producción de una hormona muy importante para el desarrollo llamada melatonina.

¿Ruido o silencio?

Silencio, aunque sin pasarse. No solo no importa que el sonido ambiente se cuele a través de la puerta entornada del pequeño, sino que es lo más conveniente. De lo contrario nuestro hijo solo podrá dormir cuando haya silencio absoluto, lo que es muy difícil de conseguir, casi imposible en caso de que el pequeño tenga hermanos.

¿Y si finalmente no se duerme?

Si a pesar de todos nuestros intentos no quiere dormir, podemos sustituir la siesta por un ratito de descanso en su habitación. Así sabrá que después de la comida llega un momento de relax. Puedes dejarle solo en la camita o la cuna para que pase unos minutos quieto y tranquilo. No pasa nada si se lleva un juguete, pero no dejes que tenga demasiados estímulos (tele, música...) o no conseguirá relajarse. De esta forma, muchos niños caen rendidos y terminan por dormirse solos. El padre de Claudia tiene comprobado que el truco para que se duerma su hija es “no llamar siesta a la siesta”. Por eso, la niña pasa la sobremesa jugando un ratito en el parque. “La mayoría de los días, cuando voy a verla me la encuentro dormida, abrazada a su osito y con las gafas puestas. Entonces, la llevo a su camita para que se despierte en ella. A ver si así, poco a poco, consigo que le guste la siesta”.

 

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