Estrategias anti rabietas

¡Ayuda! Mi hijo quiere brazos pero no puedo cogerle

Ya pesa lo suyo, pero tu hijo sigue queriendo que le cojas en brazos como cuando era bebé. El problema es que no siempre puedes: llevas las manos ocupadas, no tienes fuerza suficiente, estás cansada…

¡Ayuda! Mi hijo quiere brazos pero no puedo cogerle

Quizá te parezca que tu hijo ya es mayor (ya sabe andar, trepa, entiende lo que le dices, quiere ser independiente)… Pero con dos años los niños aún necesitan mimos y que los cojamos en brazos. Y cuanta más prisa se les mete, más remolones se hacen. Pueden, incluso, declararse en huelga y no continuar. Y es que es lógico que con sus piernas, mucho más cortas que las nuestras, le cueste seguir nuestro paso. ¡Y mira que se esfuerzan algunos! Así que llega un punto en el que dicen basta y 'de aquí no me movéis más que a rastras'. Todo ello expresado a través de una gran rabieta (¡cuidado: el cansancio las potencia!).

Tranquilidad, existen estrategias para que un bebé mayor entienda que no podemos estar cargándolo en brazos todo el día ¡si no queremos destrozarnos la espalda!

Pequeñas pausas

A la vuelta de un largo paseo, sobre todo si el niño estado jugando, conviene ir haciendo paraditas o, por lo menos, un pequeño alto en el camino (aunque quede tiempo para llegar a casa). Basta con descansar cinco minutos, nada más.

Un alto para achuchones

Puede que el niño no esté cansado, simplemente necesita mimos. Podemos cargar las pilas a base de carantoñas, abrazos y besos...

Voz y voto

Si tenemos previsto hacer un recorrido más largo y el niño insiste en que le cojamos en brazos, podemos dejar que opine: «¿Qué hacemos primero, pasar por casa de la abuela o comprar el pan?» o «¿Quieres ir al súper por el parque o por la calle?».

Más tiempo

La solución es fácil: dedicar más tiempo en ir de aquí a allá. Si tenemos prisa, pues... nada, o prevemos la demora con antelación (llevando el cochecito o un correpasillos si creemos que se van cansar) o a aguantarse toca.

Distraerle y divertirle

Por regla general da buen resultado (por lo menos durante un rato). «Oye, ¿las ardillas, cuántas patitas tienen, dos o cuatro» o «Cariño, ¿qué quieres cenar esta noche?». También podemos escondernos en distintos lugares de la calle y llamar al niño para que nos busque, echar carreras, cantar canciones siguiendo el ritmo de la marcha...

Hablar y negociar

Si percibimos que el niño se empeña en que lo cojamos y vemos que no hay una necesidad real y que los juegos no han servido para que se olvide de los brazos, tendremos que tomar otras medidas:

  • Ofrecerle un premio (no tiene porqué ser material) si hace el esfuerzo de caminar hasta el lugar donde vamos. Hay que matizar que algunos expertos, como el pediatra Carlos González, están en contra de los premios como método educativo.
  • Pactar el ratito que va a andar y el ratito que le vamos a coger. Poco a poco (y con mucha paciencia) podemos aumentar el recorrido que hace a pie.

 

Etiquetas: rabietas

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