Un año

Todo es un juguete

Los adultos tenemos la idea de que los peques juegan solo para entretenerse. Pero estamos muy equivocados; también juegan para aprender.

Todo es un juguete

Cumplido el primer año, todo lo que pasa por las manitas de los niños y delante de sus curiosos ojos es un juguete. Todo le despierta un ánimo irrefrenable de descubrir y experimentar, así que cuando un niño mete un cubo dentro de otro, lo saca y lo vuelve a meter, está jugando, pero no sólo eso: también está aprendiendo.

El crecimiento neurológico cuando cumple el año es extraordinario y se desarrolla principalmente a través de las experiencias que le ofrece le medio en el que se desenvuelve. La actividad neurológica a esta edad no tiene parangón con respecto a otras etapas de su vida y no volverá a repetirse.

Todo para él es interesante porque ahora, además de observar como cuando estaba en la cuna, puede experimentar por sí mismo: comprobará para qué sirve lo que ha cogido (y no únicamente lo que los adultos ponen a su alcance), si está duro o blando, si es agradable o si por el contrario le molesta, si lo que tira y a no vuelve a sus manos o si se puede romper. Ahora es capaz no solo de descubrir las cosas que le rodean, sino las consecuencias de utilizarlas.

Juega porque lo necesita

Para él, todo es un juguete, un juguete apasionante que le brinda la oportunidad única de conocer lo que le rodea, conocerse a sí mismo y todo lo que es capaz de hacer. El juego es determinante en el desarrollo cognitivo del niño. Es un puro aprendizaje porque la experimentación le va a enseñar cosas importantísimas para la vida cotidiana, como que un recipiente grande no cabe en otro más pequeño, pero sí al revés, que una figura cuadrada es imposible que entre en un agujero con forma triangular o que las cosas que se esconden y deja de ver ya no desaparecen, sino que si se acerca y mira detrás de una puerta ¡están ahí!

Elegir bien los juguetes adaptándolos a su edad es muy importante, pero a los doce meses todo les gusta y les llama la atención, no solo los juguetes como tales. Los objetos que forman parte del mobiliario, decoración o intendencia del hogar son juguetes en potencia; las cacerolas, las cucharas, el mando de la tele y la preciosa figurita que mamá tiene colocada en la mesita, llamarán poderosamente su atención. Por eso, debemos cuidar el entorno, porque él no va a distinguir de entrada lo que se puede romper o lo que es peligroso.

Aprenden a través de la experiencia

Si muerde un globo y explota, no volverá a hacerlo (aunque quizá necesite explotar unos cuantos). Solo lo sabrá una vez que lo haya comprobado. Cuidado con los enchufes, porque de repente puede descubrir que detrás del sillón hay una cajita blanca con dos agujeritos muy tentadores para meter los deditos y ver qué pasa. En este caso, es mejor que no lo experimente hasta que haga prácticas de electricidad en el instituto. Lo mismo ocurre con las medicinas, los productos de limpieza etc. Cuanto más lejos, mejor.

Los papás tenemos que actuar de dos maneras. Una, dejándole su propio espacio pero vigilándole y procurando que sea él mismo quien vaya descubriendo el juego que más le gusta. Y otras, implicándole en las rutinas familiares que le puedan resultar nuevas: ayudarnos a colocar la compra sacando de la bolsa los productos más pequeños y que pueda manejar con soltura, o enseñarle a ordenar su cuarto, planteándolo como un juego de meter los juguetes en una caja, a ver cuántos caben.

Asesora: Rocío Mayoral, psicóloga.

Etiquetas: jugar

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