1 año

Lo que más le gusta a mi bebé es...

A esta edad no necesitan ni muchos juguetes ni complejas actividades para estimularles. Te contamos qué les apasiona y qué juegos puedes compartir con tu hijo.

Lo que más le gusta a mi bebé es...

Tras el primer cumpleaños, el bebé deja de serlo. La conquista del espacio (ya puede gatear y/o andar) y el desarrollo del lenguaje son dos de las habilidades que más llaman la atención en esta etapa. Pero hay muchas más cosas que les gustan y provocan en ellos sonoras y contagiosas carcajadas. Son estas:

Curiosear

Un niño curioso es un niño sano. Permitirle explorar (con cierta supervisión) es importante para su desarrollo cognitivo y para que vaya conociendo los límites que le ofrece la realidad.

Le encanta intentar descubrir lo que no se ve. Es decir, hurgar dentro de todas las cajas, cajones, esquinas y agujeros de la casa (ojo, que a algunos les fascina también el inodoro).

Es el momento, si es que no lo hemos hecho ya, de proteger todos los enchufes y los cajones donde almacenamos cubiertos o productos tóxicos y medicinas. Estos últimos es mejor ponerlos a una altura a la que nunca llegue el niño.

Los animales

Para el pequeño que descubre el mundo y los seres vivos, los animales son un hallazgo fascinante. Aves, mamíferos, reptiles, insectos... todos ellos le llaman poderosamente la atención por lo diferentes que son de él y por sus llamativos colores, pelajes, tamaños y sonidos. Jugar a imitarlos y «ponerse en su piel» es una actividad que favorece su desarrollo psicoafectivo, su capacidad para comunicarse y el inicio del lenguaje hablado.

Disfrutan aprendiendo sus nombres y señalando las diferentes partes: el hocico, el rabo, el lomo, las orejas, la crin... a medida que se las vamos mostrando en imágenes o en vivo.

Imitar sus sonidos: relinchar como un caballo, balar como una oveja o ladrar como los perros le fascina y le resulta fácil y divertido. Además, aunque el pequeño aún no sepa hablar, sí puede reproducir un maullido, decir «guau, guau» o piar como un gorrioncillo.

Jugar a ser un gato, un pajarito o una serpiente favorece su desarrollo psicomotor y contribuye al nacimiento del «yo», es decir, a la conciencia de uno mismo.

Trepar

Desde que cumplen un año y con el comienzo del gateo y de la marcha, el niño necesita fortalecer y utilizar los músculos, las piernas, los brazos... Cuanto más practique, mejor será su desarrollo motor. Con el cambio de posturas se abren ante él nuevas posibilidades, movimientos y aventuras hasta ahora impensables. Tiene todo el mundo por recorrer.

Aunque tengamos que ir detrás suyo todo el día, lo ideal es no limitar su afán por desplazarse por sí mismo. Es importante bajarle del carrito para que pueda moverse a sus anchas.

En el parque comienza a mostrar mayor interés por los columpios, sobre todo por aquellos juegos que, adaptados a su edad, tienen asas, cuerdas, barras o agarraderas por las que desplazarse en lateral o de arriba abajo.

Esta es la etapa de los chichones, son normales e inevitables. Para evitar la hinchazón, pasa por la zona un hielo envuelto en un pañuelo.

Los cuentos

Ahora que comienzan a emitir sus primeros sonidos con sentido, escuchar un cuento estimula el desarrollo del lenguaje.

A esta edad le llama todo la atención: desde los cuentos con sonidos hasta aquellos que tienen miles de colores brillantes o pestañas para manipular. Y todavía le gustan aquellos que pueden morder y chupar.

¿Los mejores? Los que son pequeños, con páginas gordas para que pueda pasarlas él mismo, o los blanditos y los plastificados que se meten en la bañera y se pueden chupar. Le gustan los que muestran una serie de escenas sencillas separadas (una en cada hoja) pero relacionadas entre sí, para poder contar la historia poco a poco y darle un nombre a cada cosa.

 

Violeta Alcocer es psicóloga

 

 

Etiquetas: aprender a hablar

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