Educación y desarrollo

¿Por qué es tan terco?

Con 2 años ya empieza a mostrar su carácter y quiere hacer muchas cosas por sí mismo. Esto no significa que pueda salirse siempre con la suya, pero tampoco hay que descartar siempre esta opción.

¿Por qué es tan terco?

Después de conquistar el espacio gracias a sus logros motores y su crecimiento físico, se animan a conquistar el mundo de las ideas mostrándonos su carácter y que ya tienen opiniones sobre el mundo que les rodea, que desean hacer las cosas a su manera y que han aprendido divinamente a decir no y a oponerse, con uñas y dientes, a lo que no desean. ¿Por qué es tan terco?

En realidad, siguen siendo demasiado pequeños como para controlar sus acciones y el alcance que pueden tener y no piensan de forma lógica. Por ejemplo, puede que no quieran bajo ningún concepto que abramos un armario porque creen que dentro hay un monstruo que les provoca pesadillas o que se nieguen en redondo a lavarse las manos, aunque insistamos en aquello de los bichitos que viven en las manos y se van con un poquito de agua.

Así que, si juntamos en un cuerpecillo de dos años la convicción de que «lo tengo todo clarísimo», junto con un pobre control de sus impulsos y muchas ganas de hacer las cosas por sí mismo… tendremos a un pequeño cabezota y a unos padres desesperados. Y es que durante esta etapa, los niños viven auténticos conflictos, pues los comportamientos que le sirven para afirmar la conciencia de sí mismos y para crecer, muy a menudo obtienen la desaprobación de papá y mamá. Frustrante, ¿no?

Aprovechar la situación

Por ejemplo, muchos se obstinan en proteger a capa y espada al nuevo hermanito: vigilan que no tosa, nos avisan cuando se despierta de un sueño, le cuidan… así que podemos estar encantados de tener un «guardián» tan eficaz y responsable.

Otra «cabezonería» muy común es la de querer ser los amos y señores de su armario ropero: ellos quieren ordenar la ropa, poner los calcetines dobladitos unos al lado de los otros, etc. Aunque luego tengamos que revisar un poco su trabajo, dejemos que den rienda suelta a su tenacidad.

Y como estos ejemplos, muchos más porque en ciertos momentos, en vez de luchar contra su cabezonería, merece la pena potenciarla. Así, hay que saber ceder, negociar y explicarles con paciencia y cariño cuando pueden hacer las cosas por sí mismos y cuando no.

 

 

 

Etiquetas: 2 años, educación, niño cabezota, niños, problemas de disciplina

Continúa leyendo...

CONTENIDOS SIMILARES

COMENTARIOS