Del "cura, sana" a los polvitos mágicos

¡Mamá, pupa! 10 remedios eficaces contra los pequeños dolores

Se caen a menudo, se golpean con todos los obstáculos que encuentran en su camino… Resulta prácticamente imposible protegerles de todos los accidentes cotidianos.

¡Mamá, pupa! 10 remedios eficaces contra los pequeños dolores

A los padres nos encantaría ser poderosos magos y curar los males de nuestros hijos con un rápido abracadabra. Lo cierto es que resulta imposible protegerles de todos sus traspiés cotidianos. Además, estos tropezones forman parte de su desarrollo y son importantes para que aprendan a controlar tanto su entorno como a sí mismos. Lo que sí podemos hacer es estar ahí para levantarles, valorar los daños, secar sus lágrimas y curar sus heridas con besitos y mimos.

Todos los papás y mamás cuentan con un pequeño repertorio 'sanador' para aplicar en caso de accidente. Por muy grande que sea el chichón, lo que necesitan los pequeños es nuestro amor y nuestros mimos, mientras que la inflamación... ya se pasará en unos días.

Nos miran para saber si les duele

  • La percepción del dolor es individual y está determinada en gran parte por lo que nosotros pensemos acerca de éste y de la situación que lo provocó. Los niños pequeños son como el 'espejo' de nuestras reacciones: nada más caer o golpearse mirarán rápidamente a papá y mamá para saber, por nuestra cara (de susto, tensión, preocupación, tranquilidad...), cuál ha sido el alcance de su accidente. De hecho, es muy común que cuando un niño se tropieza y mamá no estaba atenta, actúe con total normalidad y rompa a llorar justo cuando la tiene delante.
  • Si reaccionamos con un gran susto cada vez que nuestro hijo se acerca al pico de una mesa... tendrá miedo hasta de moverse. Sin embargo, si ante una caída somos capaces de esperar dos segundos para valorar el alcance de lo ocurrido, también será capaz de reaccionar con relativa calma en las siguientes ocasiones (¡a no ser que la pupa duela mucho!).
  • No pasa nada porque llore y tampoco conviene instarle siempre a callarse y ser valiente o fuerte. Permitámosle que se desahogue un buen rato en nuestro regazo y, pasado un tiempo, si el berrinche no ha cesado, podemos intentar ir cambiando de actividad suavemente para ayudar al niño a calmarse y comprender que el accidente ya pasó.

En esos momento, él necesita sobre todo nuestro consuelo y cariño, y nuestros trucos mágicos. He aquí los diez remedios más eficaces para curar las pupas:

1. Cura, sana

Tiene múltiples versiones porque es un clásico que casi todo el mundo conoce. Más o menos viene a ser así: 'Cura, sana, culito de rana, si no se cura hoy, se curará mañana'. Mientras se recita, se frota el golpe suavemente y luego se dan unos besitos sobre la zona dolorida. También podemos invitar al pequeño a que recite con nosotros.

2. Crema milagrosa

Algunas mamás llevan en el bolso una crema hidratante o un aceite suave de cuerpo, que se puede convertir en un ungüento para todo. Esta crema especial se aplica sobre los coscorrones, los moratones, las torceduras y golpes recientes (no sobre heridas), y también cuando duele la cabeza o la tripita. Se administra amorosamente, con un suave masajito y palabras dulces.

3. Atar un lazo en la zona dolorida

Cuando el golpe o la herida son pequeñitos y no dejan huella, pero el susto y dolor han sido grandes, podemos utilizar un bonito lazo para decorar la zona y al mismo tiempo llamar la atención de amigos y familiares. Así, todo el mundo le preguntará por qué lleva ese lazo y podremos explicar juntos, con orgullo, lo que ocurrió. A nuestros héroes les encanta contar con pelos y señales lo valientes que fueron y lo mucho que les dolió.

4. Un pañuelo rojo

Algunas heriditas pueden ser realmente escandalosas cuando sangran. A los más pequeños les suelen impresionar mucho, sobre todo si al limpiarles ven el contraste de su sangre sobre un pañuelo blanco (creen que se están desangrando). Si nuestro hijo es de los que 'derrapan' en la arena del parque constantemente, no está de más llevar un pañuelito rojo en el bolso, que usaremos para limpiar la heridita o el raspón.

5. Dibujar sobre la zona que duele

Siempre que no haya heridas abiertas y que el niño pueda ver la zona que le duele (no valen la frente o la espalda, por ejemplo), podemos hacer un dibujo de una carita sonriente (con un rotulador de color, fácil de lavar), de un gatito, un oso o un corazón. Le explicaremos que el dibujito está curando el daño y poniendo alegre la zona dolorida. En el caso de los vendajes también se puede dibujar encima para 'acelerar' el proceso de curación.

6. Las tiritas "curalotodo"

Para los cortes y rasponazos, las tiritas coloreadas (podemos comprarlas con dibujos o decorarlas nosotros en casa) son muy útiles. Pero también lo son si las ponemos sobre una zona dolorida o un pequeño moratón. A los pequeños les gustará llevar un 'trofeo' divertido que puedan mostrar a los demás para contarles todos los pormenores de su golpetazo.

7. Curar a su muñeco mientras nosotros le curamos a él

Los niños no aguantan quietos ni un segundo, y menos si tenemos que realizar una cura que le está doliendo. Para que estén distraídos mientras lavamos y desinfectamos la herida, les podemos proponer que hagan lo mismo con su muñeco preferido. Hay que facilitarles todo lo necesario: algodón, agua oxigenada, tiritas.

8. Soplar despacito

Antes de nada hay que enseñar al niño a coger aire y soltarlo despacito sobre la zona del golpe o herida para «apagar el dolor» (nosotros lo haremos con él). En realidad, es una técnica de relajación que nos será muy útil cuando veamos que el dolor va a ser breve pero agudo y cuando el pequeño esté nervioso, muy impresionado por lo sucedido o gritando. Pedirle que sople despacito le ayudará a calmarse.

9. Los polvitos mágicos

Una cajita de crema vacía nos servirá para llevar en el bolso los polvos mágicos curalotodo. Podemos usar purpurina mezclada con algo de crema o aceite para que luego se pegue sobre la piel. También pueden ser polvos mágicos invisibles. Si al esparcirlos sobre la zona afectada recitamos unas palabras mágicas (cachi, pumba, pumba, pam) y dirigimos la acción con una improvisada varita mágica (un bolígrafo o un palito), el hechizo será doblemente efectivo.

10. Hacer una bola con la pupa y tirarla

Este remedio es un auténtico rito de representación, los niños muy pequeños no lo entenderán (porque requiere cierta capacidad simbólica), pero a partir de los dos años ya es eficaz. Se trata de localizar primero qué zona está dolorida y convertirnos en magos que extraemos el daño. Lo amasamos bien y una vez que hemos hecho una bola invisible, lo tiramos por la ventana (o a la basura). Mientras, le vamos explicando nuestra magia blanca. Al acabar, le preguntaremos si tiene más pupa para repetir el proceso.

Violeta Alcocer es psicóloga.

Etiquetas: 2 años, accidentes caseros, educación, mimos

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