A los dos años quieren hacerlo todo solos

Ayúdale a ser independiente

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La autonomía que llegará a alcanzar un niño depende, en gran medida, de los avances que logre en esta primera etapa de intentos por hacer las cosas sin ayuda de nadie.

Ayúdale a ser independiente

Por eso, aunque tu hijo necesite tiempo y vosotros paciencia, es importante que aprenda a hacer las cosas por sí mismo a partir de los dos años. ¿Y cómo se fomenta en ellos ese espíritu de autonomía, de valerse por sí mismos? Su evolución les llevará a querer hacer las cosas ellos solitos. La función del adulto es reforzar esos intentos con palabras constantes de ánimo y elogios, para que sepan que están en el buen camino.

 

Hay que elogiar sus avances

La tendencia natural de la mayoría de los padres es recordar más las veces que su hijo desobedece que las que actúa correctamente... y es algo que debe evitarse. Los padres tienen que agradecer sus buenas acciones de forma directa por medio de actitudes como abrazos, palmaditas en la espalda, varios "oooh", "aaah", comentar el buen comportamiento con otras personas, alabar méritos, poner una voz entusiasta.... En esta etapa, lo que los niños necesitan es reafirmar su autoestima. Si no lo hacen, dependerán para todo de sus padres en exceso.

 

No lo pueden hacer todo

Hay muchas tareas que los niños de esta edad aún no pueden hacer, pero que... intentarán. De hecho, lo harán con especial interés. Ya se sabe que los niños suelen preferir aquello que resulta peligroso, desconocido y prohibido. En otras palabras: todo lo que no pueden hacer.

La recomendación de los expertos consiste en ofrecer al niño siempre una alternativa. Es decir, si por ejemplo a tu hijo le encanta ayudarte a meter las cosas en el lavavajillas y temes que pueda hacerse daño con los cuchillos, puedes decirle: «estoy muy contenta de que me ayudes a meter los platos y vasos en el lavavajillas, pero no los tenedores y cuchillos porque podrías pincharte y hacerte daño. ¿Qué tal si me ayudas con la cuchara grande de madera y después colocamos los tupper?».

 

No son perfectos

Las primeras veces que los niños intentan algo lo consiguen... a medias. Los especialistas apuestan por esperar a que el niño no nos vea para corregir lo que ha dejado mal. Si no, el niño puede asociar sus actos espontáneos y entusiastas con actos inacabados y erróneos. Pensará: "no lo hago bien y los mayores me lo corrigen". Obviamente, es necesario que vaya comprendiendo que, igual que descubre sus posibilidades, existen limitaciones.

El sistema nervioso central madura progresivamente. Un niño antes de los cuatro años no se podrá atar los cordones ni pelar fruta porque, biológicamente, no está preparado. Los adultos no deben recurrir a la expresión "eres demasiado pequeño...", porque le empequeñece aún más y puede minar su autoestima. Lo aconsejable es ponerse en su lugar, explicarle que hay cosas que nos fastidian porque no nos salen bien, pero que hay otras muchas en las que somos muy competentes. Ofrecerle una lista de tareas exitosas que antes no lo eran, por ejemplo: chutar una pelota, saltar, peinarse, abrocharse los botones..., suele dar muy buen resultado.

 

¿Cuánto dura la etapa de “yo solito”?

Que a esta edad quieran hacerlo prácticamente todo por sí solos no significa que vayan a actuar así para siempre, ni mucho menos. Son conductas típicas de esta etapa. Se trata de una edad muy temprana en la que es imposible predecir cómo será su comportamiento futuro. De hecho, es habitual que cuando una conducta ya no es una novedad y está adquirida, pierda interés y deje de hacerse o disminuya su frecuencia. A los padres les toca reforzar esas conductas deseables para que se mantengan en el tiempo.

Ofrecer alternativas

En lugar de ordenar: “¡ponte los zapatos azules!”, preguntarle: “¿qué zapatos prefieres, los rojos o los azules?” Así le ofrecemos dos posibilidades: a nadie le gusta no tener escapatoria y, además, incentivamos que el pequeño empiece a tomar decisiones.

Desviar su atención

Cuando se mantiene “erre que erre” con alguna idea descabellada, como por ejemplo, querer salir a la calle con el pijama o sin chaqueta en invierno, usaremos la técnica de la distracción. En lugar de preguntarle: "¿quieres ponerte la ropa?" y después: "¿quieres que te cuente una aventura muy divertida del gato Tom?", lo mejor es preguntarle sólo si quiere que le contemos una aventura, no si quiere ponerse la ropa. El objetivo es desviar la atención hacia otro tema mucho más atractivo.

 

Asesora: Remei Salvat, psicóloga infantil de la clínica ISEP Baix Camp de Tarragona.

Etiquetas: 2 años, autonomía, desarrollo infantil, desarrollo intelectual, independencia

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