¿Tenaz o cabezota?

Qué hacer cuando los niños son tercos

Cualquier padre con un hijo de dos años sabe que los niños se obstinan en conseguir lo que quieren hasta que, o bien damos el brazo a torcer, o bien no cedemos y montan en cólera.

Qué hacer cuando los niños son tercos

Lo primero que hay que hacer es no olvidar que es normal que sean así de tercos. Y es que a esta edad, los niños están aprendiendo a pensar por sí mismos. ¡La obstinación tiene su lado positivo!

Debemos entender su rebeldía y terquedad como signos positivos y ser comprensivos. Si un niño de esta edad no diera ninguna señal de oposición o cabezonería, si se conformara con todo, estaríamos ante un niño que tiene un gran temor a exponer sus deseos y su mundo interior.

 

¿Qué podemos hacer?

Tendremos que arreglárnoslas para permitir que nuestro hijo exprese sus deseos, su ritmo, su vitalidad y su desacuerdo sin ahogar su personalidad, pero sin dejarle exento de referencias y a merced de sus locos impulsos. Estas son algunas ideas para lograrlo.

 

Saber ceder

A veces hay que ceder. Y no hay que tener miedo, porque precisamente los peores padres son los que prohíben y fuerzan constantemente. El auténtico reto está en saber poner pocos límites pero totalmente eficaces. Si escogemos unas pocas normas básicas y las mantenemos en el tiempo con firmeza y cariño, podremos darnos el lujo de relajarnos cuando nuestro hijo quiera abrocharse él solo los botones de la camisa o decidir qué quiere comer hoy.

 

Explicar y explicar

Los niños quieren y necesitan saber por qué no pueden hacer aquello que les da la gana y qué esperan sus papás de ellos. No vale de nada prohibir sin explicar.

 

Prevenir

Si sabemos que tenemos la discusión asegurada cada vez que pasamos por esa juguetería de camino al parque, la mejor opción es cambiar de ruta. Ofrecer alternativas es otra buena técnica. Y quitar de su vista las 'tentaciones' también lo hará todo más llevadero.

 

Negociar

La mejor manera de evitar que acabemos en un berrinche es la persuasión. A veces funciona, aunque cueste creerlo. Se trata dereconducir su terquedad por caminos un poco más llevaderos para todos.

 

Aprovechar la situación

En determinadas circunstancias, más que eliminar su cabezonería, lo que nos conviene es potenciarla. Por ejemplo, muchos se obstinan en proteger a capa y espada al nuevo hermanito así que podemos estar encantados de tener un 'guardián' tan eficaz y responsable.

No te asustes si...

  • Dice que no constantemente y a todo.
  • Hace lo contrario de lo que le pedimos y lo sigue haciendo durante varias semanas.
  • Nos rechaza y pide irse con alguien que sea algo más permisivo con sus terquedades.
  • Se esconde para estar a solas y conseguir lo que quiere.
  • Se coge berrinches autodestructivos.
  • Llora por todo: al entrar al baño, al salir del baño, al ponerle el pijama.

Violeta Alcocer es psicóloga. 

Etiquetas: cómo educar hijos, rabietas

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