¡A la cama!

¡A la cama! Cómo crear un ambiente emocionalmente positivo

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A la hora de acostarse, ¿creamos un ambiente tranquilo o lleno de ansiedad? A menudo, la hora del sueño origina situaciones conflictivas y de tensión. Y nos planteamos ¿cómo afrontar la hora del sueño?

sueño niño

La hora de acostarse se prolonga cada día más, y acaba con enfados, gritos, amenazas, chantajes y discusiones entre los padres. El niño se acuesta tenso, pero se habitúa a la tensión que precede a la actividad de acostarse y, lejos de evitarla, la prolongará durante años.

Sabe que todas las noches, antes de acostarse, dice que no se quiere ir a la cama y que sus padres se enfadan y le amenazan hasta lograr acostarlo. Después se levantará un sinfín de veces, y sus padres le suplicarán que se duerma o volverán a enfadarse hasta que caiga rendido de sueño y agotamiento. Más tarde, cuando sus padres estén durmiendo, se levantará y se meterá en su cama. Al principio le dirán que se vaya a su cuarto, pero acabarán claudicando y dejándole dormir con ellos.

Nos sentimos desbordados, ignoramos cómo actuar; estamos hartos de una situación que se repite a diario y que no sabemos cómo afrontar. La hora de dormir no debería ser una ocasión para medir fuerzas entre padres e hijos. Por lo tanto, los padres no deberían adoptar una actitud de súplica: «Duérmete, te lo ruego», ni autoritaria: «Duérmete, te lo ordeno». La actitud suplicante conduce a la sobreprotección: acunar al niño, dormirle en brazos, quedarse con él hasta que se duerma o dejar que se duerma en el sofá y acostarle sin que se entere de que le estamos llevando a su cuarto indica al niño que le tienen que dormir, que no es él quien se duerme.

La actitud autoritaria genera agresividad, gritos, descalificaciones, enfado, tensión. Los padres deberían transmitir a sus hijos seguridad y serenidad: «Ni te ruego, ni te ordeno que te duermas. Tampoco te duermo yo. Te duermes tú. Yo te proporciono el ambiente idóneo para dormir. Te ofrezco mi apoyo y mi cariño, acompañándote a tu lugar de dormir». Dormir es una necesidad vital del niño, no debería ser una imposición de los padres. El niño aprende a dormir siguiendo su impulso natural. No necesita que le duerman. Duerme cuando tiene sueño.

Los recién nacidos necesitan dormir casi todo el día. Pero a partir de los tres meses, permanecen cada vez más tiempo despiertos. Lentamente asocian su necesidad de descanso con la noche y el rato de la siesta. Asocian las diferentes horas del día con su actividad personal: «Después de comer duermo la siesta, después de cenar me acuesto». Aprenden a adaptarse a su medio si establecemos un horario ordenado que les permita percibir sus diferentes actividades a lo largo del día.

Este texto es un extracto del libro “Educar a niños y niñas de 0 a 6 años”, de Maite Vallet (Ed. Wolters Kluwer). 

Etiquetas: dormir al bebé

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