Desarrollo emocional del niño

Apego ansioso: cómo ayudar al niño

El apego ansioso proviene de las experiencias acaecidas en la infancia, aunque puede persistir hasta la etapa adulta, afectando negativamente a todas las relaciones cuando no se aborda de forma adecuada.

El apego es considerado como un vínculo emocional tan profundo como duradero que tiende a conectar a una persona con otra. Cuando somos niños, la mayoría de los investigadores creen que se trata de algo fundamental, sobre todo cuando se desarrolla un apego seguro hacia su madre y su padre a una edad temprana.

Por suerte, la mayoría de los bebés se unen con éxito a sus padres. Pero hay algunos niños que, en lugar de formar un apego seguro, tienden a apegarse ansiosamente, lo que puede ocasionarles algunos problemas de por vida.

Lo cierto es que existen muchísimas teorías diferentes acerca del apego, la importancia que tienen y las formas en que los humanos, en función de la edad que tenemos, suelen desarrollarlos.

La teoría del apego según Bowlby

John Bowlby fue un psicoanalista que en la década de 1930 trató a niños con trastornos de comportamiento y emocionales. Su trabajo con niños que presentaban problemas de salud mental le hizo considerar la importancia del apego que estos tenían hacia sus madres, de tal forma que se dio cuenta de que aquellos bebés que habían sido separados de sus madres presentaban más probabilidades de sufrir problemas emocionales, cognitivos y sociales.

Debido a ello, propuesto que los bebés poseen una necesidad universal de buscar una proximidad cercana de su cuidador cuando experimentan angustia. De esta forma, cuando esas necesidades son satisfechas, es bastante más probable que desarrollen un apego cercado a medida que crecen en la confianza que les brinda poder continuar dependiendo de su cuidador. Pero si no se satisfacen esas necesidades, sí pueden desarrollar problemas de apego.

De acuerdo a su teoría, la cual es aceptada fácilmente por la mayoría de los psicólogos desde entonces, incluso hoy en día, el apego primario de un niño actúa como una especie de prototipo para todas las futuras relaciones sociales. Esto significa que, si esa relación se ve interrumpida, podría acabar teniendo serias consecuencias para toda la vida.

La teoría sugiere que existiría un período crítico para que el niño desarrolle ese apego, el cual se sitúa entre el momento del nacimiento y los 5 años de edad. Si durante este período no se desarrolla un apego seguro, es posible que el niño experimente consecuencias para toda la vida, como mayor dificultad para manejar adecuadamente el comportamiento y las emociones, o una menor inteligencia.

Poco tiempo después, Mary Ainsworth amplió las investigaciones y estudios llevados a cabo por Bowlby. Y, concretamente, se encargó de estudiar cómo los niños respondían cuando sus cuidadores los dejaban solos ante la presencia de un extraño. Descubrió que aquellos niños que habían desarrollado un apego seguro (y saludable), tendían a preferir estar en compañía de sus cuidadores, miraban a sus cuidadores para sentirse más seguros y cómodos, y se alegraban e interactuaban con sus cuidadores cuando volvían a aparecer en escena.

Igualmente, cuando el cuidador regresa es fundamental que el niño sea consolado. Sin embargo, el niño al que no le importa que su cuidador se vaya, permanece inconsolable cuando regresa, o se muestra enojado y enfadado, podría haber desarrollado un apego no seguro.

De esta manera, consideró que los niños que no mostraban estas señales podían estar originalmente ansiosos. Un apego ansioso no debe ser nunca confundido con la ansiedad por separación. La ansiedad por separación, de hecho, es considerado como un signo saludable.

Comprendiendo el apego ansioso

Los seres humanos nacemos con fuertes instintos de supervivencia. Y uno de los más fuertes tiene relación con la incapacidad de un bebé para poder sobrevivir por sí solo, de manera que depende completamente de un adulto para su supervivencia, nutrición y protección.

Los bebés poseen un impulso innato para asegurarse de que su madre, padre, cuidador o cualquier otra persona importante satisfaga sus necesidades básicas. Y los niños desarrollan distintas estrategias para lograrlo dependiendo del tipo de atención disponible para ellos, y del entorno social que los rodea.

Como opinan los estudiosos del apego, en la formación del apego la conocida como sintonización se convierte en un elemento imprescindible, ya que significa ser consciente de y responder a otro; estar en armonía. En este sentido, la sintonización emocional implica estar en armonía primero con nosotros mismos, luego con el otro y, finalmente, con las circunstancias.

Debido a ello, la sintonía y el apego están relacionados, de forma que un adulto, que se encuentra disponible y “sintonizado”, y que responde a las necesidades del niño desde la infancia, establece un apego seguro para ese niño.

Podríamos decir que esta sintonización genera una base sólida a partir de la cual ese niño es capaz de explorar posteriormente el mundo que le rodea.

Sin embargo, esa falta de sintonización -o falta de sintonía- de un padre (o cuidador principal) con el niño se convierte en un apego inseguro que acaba desarrollándose en la relación con su hijo.

¿Cuáles son las causas de los problemas de apego en los niños?

Nadie conoce con certeza por qué los niños no desarrollan problemas de apego y otros que crecen en el mismo entorno sí presentan trastornos de apego. No obstante, la mayoría de expertos coinciden en señalar que existe un vínculo claro entre el apego y el afecto, así como en la propia consistencia y la atención que el cuidador (en este caso la madre y / o el padre) tiene a las necesidades del niño.

Por ejemplo, los niños que sufren abuso o negligencia presentan más probabilidades de desarrollar problemas de apego. Es lo que ocurre, por ejemplo, con aquellos niños criados por padres con enfermedades mentales graves o con problemas de abuso de sustancias, así como los que son abandonados y pasan largas temporadas en hogares de acogida.

Existen diferentes factores que pueden contribuir en que se forme un patrón de apego ansioso entre el niño y su madre o padre. Uno de los factores principales es la existencia de una sintonización inconsistente en la relación con su propio cuidador principal. La calidad de la relación entre los padres juega un papel esencial e importantísimo en la transmisión de patrones de apego específicos de una generación a la siguiente.

La investigación también ha encontrado que las prácticas de crianza de los padres suelen reflejar el patrón de apego que llegaron a desarrollar cuando eran niños con sus propios padres. Esto significa que aquellos padres que crecieron con un apego ansioso acaban siendo inconsistentes en la forma en que se relacionan con sus hijos, a lo que sus hijos, a su vez, reaccionan formando sus propios patrones de apego ansioso.

¿Cómo se manifiesta el apego ansioso en los niños? ¿Y en la edad adulta?

Los niños con un patrón de apego ansioso suelen aferrarse a sus figuras de apego, actuando, a menudo, desesperados por lograr su atención.

Un niño que ha desarrollado un apego ansioso durante la infancia, en la etapa adulta tiende a ser inseguro y autocrítico. Suelen buscar la aprobación y la tranquilidad en los demás, aunque esto nunca termina aliviando sus dudas. Forman relaciones marcadas por el temor a ser rechazados, y no confían del todo.

Esto los lleva a actuar con apego, y a sentirse demasiado dependientes de su pareja. Esa inseguridad hace que su vida no esté del todo equilibrada, de manera que los deja volcados contra sí mismos, y emocionalmente desesperados en sus propias relaciones. 

Los adultos que presentan apego ansioso a menudo se sienten desesperados, y en una relación es común que asuman el papel de “perseguidor”. Es habitual que tengan opiniones positivas de otras personas, en especial tanto de sus padres como de su pareja, pero por lo general presentan una opinión negativa de sí mismos, lo que significa que dependen de su pareja en gran medida para validar su autoestima.

¿Qué pueden hacer los padres?

Se ha demostrado que la mejor manera de formar apegos saludables es mostrarle al niño que tanto la madre como el padre es confiable para satisfacer sus necesidades. En ocasiones, esto significa únicamente proporcionarle cercanía, amor y comodidad. En otros momentos significa simplemente permitirles explorar el mundo que los rodea, con seguridad.

Equilibrar la orientación con la libertad es clave para ayudar a que los niños se sientan seguros en sus relaciones, lo que es importantísimo para ayudarlos a establecer vínculos más saludables. 

En el caso de que el niño ya haya desarrollado un apego ansioso podría beneficiarse muchísimo de la intervención de un profesional, ya que pueden necesitar ayuda a la hora de aprender a regular sus emociones, y a manejar sus propios comportamientos. Así, la terapia puede ayudar tanto a los padres como a los niños a desarrollar apegos más saludables.

Christian Pérez

Christian Pérez

CEO y Editor de Natursan.

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