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Salud emocional

Tips básicos para aprender a cuidar el cerebro de nuestros hijos

Para poder cuidar el cerebro de nuestros hijos a todos los niveles, es necesario que desarrollemos una ‘cultura de la salud’ en familia. En ella incluiremos los buenos hábitos alimenticios, la rutina del ejercicio o el 0 estrés.

Para aprender a cuidar el cerebro de nuestros hijos será importante desarrollar una cultura de la salud que seamos capaces de transmitir. Si empezamos desde la base: educando en salud a los más pequeños, ellos serán los encargados de transmitir estos hábitos para que así se consoliden.

Lo más importante es el afecto. Un cerebro que no recibe afecto en los primeros años de vida va a crecer con serias dificultades, tanto emocionales como intelectuales.

¿Por qué el amor afecta al desarrollo cognitivo? El cerebro racional se desarrolla sobre otros cerebros que son: el cerebro primitivo (el que nos pide que comamos, que durmamos) y el cerebro emocional (el que busca afecto). Solo cuando ese cerebro emocional ha recibido el cariño que necesita, puede tener una capacidad intelectual plena. Es muy importante que no se confunda el afecto con la sobreprotección. Si queremos hijos felices hay que enseñarles a navegar en tempestades.

El ejercicio físico es fundamental

En la base de estos hábitos saludables se encuentra la práctica de actividad física y deportiva. Evitar el sedentarismo de los más pequeños, es fundamental para su salud física y emocional. El ejercicio aporta beneficios a cualquier edad y si, además, lo practicamos en familia, fomentaremos la autoestima y el vínculo afectivo con sus padres. Reducir el número de horas que pasa delante de la televisión con los videojuegos, es muy importante para aumentar su actividad física. El uso de estos y otros dispositivos electrónicos debe tener unos horarios y unos límites, no pasando más de dos horas al día delante de las pantallas.

Respecto a los hábitos saludables relacionados con los comportamientos alimentarios, aparte de seguir una dieta equilibrada, hay que hacer hincapié en que las comidas deben realizarse en familia, deben ser un momento agradable. Es importante que los niños “coman despacio”, porque el cerebro envía la señal de saciedad unos 20 minutos después de ingerir los alimentos. Además hay que evitar que el niño coma viendo la televisión, ya que eso hace que no le preste atención a la sensación de saciedad y coma en exceso.

Es necesario evitar el estrés

Tenemos niños y niñas que viven con mucho estrés. No tienen ni un momento libre, no son capaces de enfrentarse a una rabieta y sufren de una manera desproporcionada ante las dificultades de la vida. No debemos olvidar, como dijo María Montessori que “el juego es el trabajo del niño”, además de uno de los aspectos fundamentales en su desarrollo cerebral. Jugar les ayuda a desarrollarse y adquirir nuevas habilidades. El juego además, mejora sus capacidades cognitivas y relaciones sociales. Los niños necesitan tiempo para imaginar, para inventar juegos solos.

Jugar con sus hijos al menos 30 minutos al día es esencial para el desarrollo del vínculo afectivo entre ambos. Debe ser un tiempo de calidad y de exclusividad, que forjará los cimientos de la relación entre ambos.

La calidad del sueño es otro aspecto tan importante como los mencionados anteriormente en el desarrollo y crecimiento del niño. Un sueño reparador es fundamental para un desarrollo adecuado de la atención, la concentración, la consolidación de los aprendizajes, el estado de ánimo, y otras áreas del bienestar del niño. Es esencial establecer unos horarios para ir a la cama. Para que duerman bien se les debe crear una rutina antes de irse a la cama, de forma que anticipen la hora de dormir, evitando actividades que les estimulen. El dormitorio debe ser un lugar tranquilo sin ruido ni demasiada luz.

No podemos olvidar, por último, la importancia de enseñarles a gestionar y a hablar de sus emociones y frustraciones, y motivarle a resolver sus propios problemas, facilitando de manera progresiva su independencia, autonomía y desarrollo pleno.

Artículo escrito por Blanca Álvarez, Neuropsicóloga clínica de Psicólogos Pozuelo

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