Ni premiar, ni elogiar

Castigar o premiar con comida poco sana es contraproducente

Los alimentos no deben estar relacionados con recompensa ni castigo. 'Si te acabas la cena te doy de postre helado', 'si te comes el pescado de premio te llevas unas chuches'...son algunas de las frases que solemos decir algunos padres y la experta Patricia Guzmán de Método Ancla nos recuerda lo peligroso y poco beneficioso que suponen.

Cuando se trata de alimentar a los niños, las estrategias son tantas aunque por lo general se repite la misma: premiar o reprender con frases como ‘si te comes todo, te compro un helado’ o ‘si no terminas el almuerzo, también vas a comer verduras en la cena’. 

Aunque parecen expresiones simples, son errores que cometemos los padres y cuidadores de los niños, desde que ellos empiezan a conocer nuevas comidas. La razón, alimentar a los menores no es cuestión de premios o castigos, es una actividad que debe estar guiada por la paciencia, la dedicación y conocer la importancia que tienen los alimentos. 

Privar a un niño de comida, restringirle algunos alimentos u obligarle a tomar otros no es una estrategia válida para corregir sus comportamientos, ni mucho menos para inculcarle una sana relación con la comida y unos buenos hábitos saludables. Te explicamos por qué. Hay una regla básica en la pedagogía: la comida no puede utilizarse como castigo ni como recompensa. Los hábitos alimenticios deben ser sagrados dentro de la rutina infantil, y han de estar fuera de toda negociación, valoración o consecuencia de otras acciones. Castigar o premiar con comida puede hacer que el niño cree asociaciones perniciosas con la alimentación.

Y es que, la relación entre nuestras emociones y los alimentos comienza desde la más tierna infancia. La comida sirve para fortalecer y nutrir, y si la cargamos con emociones negativas pierde su principal papel, deja de ser algo natural y puede llegar a angustiar al niño. Le hemos consultado a Patricia Guzmán de Método Ancla, coaching para adelagazar, donde comprueba diariamente en sus consultas relaciones insanas con la comida como por ejemplo, comer con remordimientos, culpa o prohibiciones.

¿Por qué es malo castigar ‘sin cenar’?

Castigar o premiar con comida es contraproducente. La comida, en este caso la cena, es parte de su alimentación y nutrición. Si castigamos sin postre o sin cenar, los niños terminarán creando neuroasociaciones que posteriormente pudieran desencadenar conductas indeseables. Cualquier restricción invita al exceso. Si les transmitimos que la cena puede ser un castigo, esa privación puede desencadenar en un futuro en comer en exceso o en atracones.

 

¿Qué tiene de malo premiar a los niños ‘con unas chuches’?

Ni amenazar, ni recompensar con la comida ayuda en el desarrollo de tu hijo. Premiar a los niños con chuches propicia que sea percibida la comida, y en este caso los dulces como algo extraordinario y muy deseable. Con lo cual en este caso la neuroasocinación que estamos propiciando es relacionar, la comida con premio, cariño, atención… Y más adelante en la edad adulta, nos encontramos con numerosos casos en los que cuando alguien se siente triste, decepcionado o cansado, acude a la comida para sentirse valorado o rencompensado. Es lo que llamamos comer emocionalmente. 

Te animo a que te observes y detectes si lo estás haciendo con tus hijos. Y si es así, de qué otra forma podrías premiar que no fuese con chuches. ¿Un cuento, un paseo en bici, un cuaderno de colorear, un buen abrazo...? ¿Qué se te ocurre? Lo que tú transmitas como premio será percibido como un premio. 



Nos darías unos tips para enseñar a los hijos a alimentarse de forma saludable...

Procura comer en familia siempre que sea posible. Sentarse en la mesa toda la familia favorece las relaciones familiares y además favorece una alimentación saludable. Relájate, diviértete y saborea la comida junto a tu familia. Acostúmbrate a comer sin la tele puesta y sorpréndete con las conversaciones que puedan surgir. 

Implica en la medida de lo posible a tus hijos en la elaboración de la comida y en la compra. Es una forma de apreciar y entender el proceso de la comida que se les sirve en el plato. Si ellos han participado, lo valorarán más y les ayudará a captar su atención. Olvídate de la famosa frase: "¡Acábate el plato!". Solo conseguirás que se ignoren las señales del estómago y que en lugar de ello se confíe en la señal del plato vacío para decidir cuando hemos comido suficiente. Con el tiempo no sabrán cómo decidir cuando el cuerpo está satisfecho con la cantidad que ha comido y se acostumbrarán a comer hasta estar llenos. 

Y el tip más importante de todos: tú eres el espejo en el que se miran. Observa qué ejemplo les estás dando. 


¿En qué favorece que dejemos a los niños que jueguen con la comida?

Aproximadamente a partir de los 2 años de edad cuando ya puede tragar alimentos sólidos sin atragantarse y puede coordinar manos, ojos y boca, a partir de entonces es conveniente que empiece a experimentar por su cuenta con nuestra supervisión (ayudándole cuando lo pida). Que el bebé disfrute comiendo y experimente sus propias sensaciones con los alimentos ofreciendo alternativas saludables para que sus preferencias gustativas se inclinen hacia alimentos saludables y estimulándole a probar comidas diferentes. 

Ana Palicio

Ana Palicio

Soy periodista y madre de una niña y un niño. Si algo he aprendido con ellos, es que me queda mucho por aprender. Soy una asturiana por el mundo, que vive en Madrid. Me gusta viajar, lo nuevo, los museos, salir y entrar...Trataré de mostrar todo lo que me inspira, ayuda y divierte.

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