Prevención

Todas las claves de la violencia machista entre menores: cómo detectarla

El trabajo preventivo es la herramienta más eficaz según todos los informes y documentos especializados en esta cuestión, tanto en el ámbito familiar como en el educativo.

La violencia machista existe. Casos desgraciados con el peor de los finales, como el de Claudia, la joven de 17 años asesinada en Totana por su expareja de 19 años en un trastero el pasado mes de febrero, no son tan aislados como parece. Como indica Isabel Valdes en esta crónica del suceso, en el Sistema de Seguimiento Integral en los casos de Violencia de Género (VioGén) a diciembre de 2021 había 764 casos activos de menores de 14 a 17 años. Y muchos otros, como el de Claudia, jamás entran en dicho mecanismo de seguimiento.

Esta, el desconocimiento por parte del entorno de la víctima, es una de las claves de la violencia machista entre jóvenes y menores de edad. Desconocimiento por la incapacidad para detectar las señales indirectas de un caso de violencia de género o bien por falta de comunicación. Una tercera causa es que la propia agredida no detecte que está siendo víctima, de alguna manera, de violencia machista. No en vano, se estima que uno de cada cinco adolescentes no reconocería como un problema la violencia de género

Señales de alerta

No se disponen de datos que permitan cuantificar cuántas mujeres asocian a la violencia de género con la agresión física y, en cambio, no tienen en cuenta otras formas de violencia, como la verbal y la psicológica, pero sí de que la violencia enero en los menores de edad afecta a personas cada vez más jóvenes. Aunque sus cifras están un poco desactualizadas porque datan de 2018, el último informe de la Fundación ANAR (Ayuda a Niños y Adolescentes en Riesgo) sobre violencia de género en niños, niñas y adolescentes cifraba en 15,7 años la edad media de las llamadas recibidas, más baja que en los años previos, y reconoce también que casi un 18% son menores de 12 a 14 años. 

En este sentido, se reflejan en el documento una larguísima lista de recomendaciones para la prevención que se dividen en dos grandes grupos: comunicación y el ámbito educativo. La primera es esencial que se trabaje en el entorno familiar, pero también se refiere a la comunicación institucional para dar visibilidad e información acerca de esta cuestión, y la segunda, sobre todo, en los centros educativos. Esta lista de consejos está realizada en base a la Estrategia Nacional para la erradicación de la violencia contra la mujer 2013-2016. Todas se pueden consultar aquí.

Los peligros del entorno digital

Para entender mejor las claves de la violencia machista entre menores, otro documento de reciente actualización que es muy recomendable consultar es el elaborado por la Asociación de Mujeres Opañel. Se trata de una guía de herramientas útiles tanto para profesionales que trabajan con adolescentes como para los propios menores y jóvenes, y su enfoque es especialmente interesante porque tiene muy en cuenta el entorno digital que tanto impacto tiene en estas nuevas generaciones. “Hay que insistir entre los adolescentes en que la violencia machista no es solo física y psicológica, también existe la violencia de género en el ámbito digital y es la que se ejerce a través de redes sociales y las nuevas tecnologías”, apuntan desde la asociación.

El informe está elaborado en colaboración con el Ministerio de Asuntos Sociales y Agenda 2030 y pone el foco sobre todo en el ámbito rural, donde “Un mayor control social o la mayor falta de anonimato puede llevar a que se normalicen e incrementen las actitudes machistas”, se dice en el documento. Desde la Asociación de Mujeres Opañel inciden en la necesidad de romper los mitos que contribuyen a reproducir la violencia de género. “Es importante trabajar con los jóvenes para ayudar a identificar cuáles son estos mitos y así poder erradicarlos”, señalan.  

La guía está concebida como una “Caja de Herramientas” que ayude a trabajar en conceptos como el de igualdad y el de violencia de género. Pero además de estas herramientas, también ofrece una larga lista de síntomas y señales que pueden esconder un caso de violencia machista en una adolescente o joven. Entre otros, destaca los siguientes: deja de salir, tiene problemas familiares, bajada de rendimiento escolar, ausencias injustificadas, justifica celos de su pareja, tiene altibajos emocionales, padece ansiedad, se muestra hipervigilante y nerviosa, muestra una actitud a la defensiva o muy cansada, presenta lesiones o da explicaciones incoherentes, pérdida de apetito o atracones, se responsabiliza de todos los problemas en pareja, siente miedo de terminar la relación, cambia su actitud cuando está con su pareja, tiene falta de autoestima o insiste en comentarios críticos con ella misma como “estoy loca”, o evidencia un cambio en la  forma de vestir, luciendo ropa más holgada, por ejemplo.

Cómo actuar

Desde la Asociación Mujeres de Opañel recomiendan, en caso de detectar un posible caso de violencia machista en adolescentes o jóvenes, “hablar con la víctima para averiguar si ella reconoce como presunta agresión machista lo qué ocurre o tiene normalizadas las conductas de abuso”. Y si son los profesionales que trabajan con ellos los que detectan a un presunto agresor machista, “es importante hablar con él y con su familia, además de ponerlo en conocimiento de servicios especializados”, concluyen.

Se puede consultar más información al respecto en la guía de actuación frente a la violencia machista, otro documento público institucional que pretende, en este caso, ser un instrumento útil para el entorno de las víctimas de violencia machista. 

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