Rabietas

¿Cómo actuar si el niño tiene una rabieta en público?

Los momentos de rabieta ponen a prueba la paciencia de los padres. Pero, si son en público, lo hacen aún más. ¿Qué hacer y qué no hacer si el niño estalla de rabia delante de mucha gente?

Aunque, en líneas generales, todo el mundo habla maravillas de la crianza y la educación de los niños, lo cierto es que puede convertirse en un reto crudo en más de una ocasión. Los primeros años de vida, con la falta de sueño y la responsabilidad que llevan cuidar de un bebé, se trasladan a episodios de poca paciencia cuando los niños comienzan a conocer emociones fuertes y lo hacen sin las estrategias necesarias para hacerlas frente con autocontrol.

rabietas en público
Fuente: iStock

Es en este momento, entre los dos y los tres años sobre todo, cuando aparecen las temidas rabietas. Rabietas que se pueden desencadenar, además, por casi cualquier cosa: no les gusta la comida que hay en el plato, se aburren, no pueden dormir, reciben un ‘no’ como respuesta o se les está pidiendo que recojan sus juguetes.

En ese momento en el que los peques gritan y lloran sin control y sin ningún remedio que los calme, los padres nos solemos olvidar de todas las lecciones de paciencia que nos inculcan en los libros de disciplina positiva y en los nuevos modelos de crianza. Sacamos, al igual que les pasa a los peques, nuestro lado más salvaje para tomar el control de la situación, dejar clara nuestra postura de superioridad y acabar con la rabieta por la fuerza.

Algo que se vuelve mucho más violento (si cabe) cuando la rabieta se produce en público. La vergüenza de que la gente mire lo que le está pasando al niño y, sobre todo, juzgue nuestra capacidad como padres de hacernos con la situación, nos lleva a cometer diferentes errores.

Y es que, no, ninguna de las formas que acabamos de describir hasta ahora son la manera correcta de tratar y de hacerse con una rabieta. Al menos no lo son si lo que queremos en todo momento es el bienestar del menor y que esas rabietas vayan sosegando con el paso del tiempo.

Ya os hemos contado cómo calmar las rabietas, pero hoy queremos centrarnos en las que ocurren en espacios públicos, donde las miradas de otras personas pueden clavarse sobre el niño y sobre nosotros (y la forma que tenemos de reaccionar).

Olvídate del ‘qué dirán’

Lo más importante es que entiendas que los niños no tienen rabietas para desafiarte o para dejarte en vergüenza delante de nadie. Las rabietas vienen desencadenadas por la reacción de su cerebro ante una emoción que desconoce, que le está haciendo sentir raro y que no sabe cómo gestionar.

La gestionan con las herramientas que tienen: el llanto, los gritos y las pataletas, puesto que el desarrollo del autocontrol llegará un poquito más adelante.

Por eso, es importante que te centres más en intentar que el niño se calme y se tranquilice y menos en la vergüenza o en lo que estará pensando la gente de alrededor de vosotros. ¡Eso es lo de menos!

Otras estrategias para controlar rabietas en público

Con la llegada del verano y de las vacaciones, muchos niños tendrán rabietas en la piscina, en la playa o en el chiringuito mientras sus padres comen. Inevitablemente, la gente se dará cuenta de lo que le está pasando al menor. Y no pasa nada, lo importante es que el niño se tranquilice y poco a poco comprenda cómo gestionar la frustración.

Para ayudarlos, los padres podemos seguir estos consejos:

  • No ignores la rabieta: lo importante es el bienestar del niño y, si ignoramos su comportamientos, podremos correr el riesgo de que no se sienta querido, se sienta poco comprendido, frustrado y triste o, lo que es peor, no le otorguemos el cariño que necesita en un momento de tantas emociones para él. Preocúpate en descubrir la razón que le hace estar así
  • No te avergüences: y es que tu niño solo es un niño y se está portando como tal. No sentir vergüenza es un paso esencial para no perder la calma y los nervios si nos encontramos con una rabieta delante de muchas personas
  • No cedas a su rabieta: es el paso básico en el control de la ira y la rabia de los pequeños: no ceder. Deberemos ser empáticos, cariñosos y tener mucha comprensión, pero jamás ceder y darle eso que pide solo para que se calle (por mucha vergüenza que nos esté dando). Ofrécele un abrazo, un beso, hazle saber lo que le comprendes, acaríciale si te deja, pero no cedas.
  • Aléjate si es necesario: aunque no te importe lo que piensen los demás, es cierto que escuchar durante un rato a un niño llorando y gritando sin consuelo puede llegar a ser molesto, así que si es necesario, llévate a tu hijo a un sitio más tranquilo mientras intentas tranquilizarlo desde la calma y la firmeza
Marta Moreno

Marta Moreno

La redactora de la web de Ser Padres está especializada en temas de salud infantil, crianza, embarazo, psicología y educación, desarrollando la mayor parte de su carrera profesional en Ser Padres y otros medios orientados al mundo educativo.

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