El momento adecuado

Cómo saber si mi hijo está preparado para dormir fuera de casa por primera vez

La edad no es tan importante como de quien parte la iniciativa y de si tiene experiencia previa en entornos de seguridad como el de la casa de sus abuelos.

Con la pandemia se nos había olvidado a muchos padres que cuando el calendario encara el final del invierno y, por ende, el comienzo de la primavera, llegan las primeras oportunidades del año para que nuestros hijos disfruten de una escapada que incluye pernoctar fuera de casa. 

Es el caso de los viajes a la nieve por la ya extinta en el calendario escolar semana blanca y, sobre todo, por las excursiones que algunos centro educativos organizan en primavera a una granja escuela o instalación similar. 

Son pocos los colegios que ofrecen este tipo de actividades a niños menores de seis años. O mejor dicho, son muchos los que llevan a cabo excursiones de un día, con ida y vuelta dentro de la misma jornada, y pocos los que incluyen una, dos noches máximo, fuera de casa cuando los niños y niñas son todavía estudiantes de Educación Infantil. Pero haberlos haylos, y cada vez son más. 

Su primera noche sin sus padres

En los adultos, este tipo de actividades suenan de maravilla hasta que aparece el factor noche. Que tus hijos duerman fuera siempre genera dudas. Es completamente normal. En realidad, esta no es la primera vez que aparecen por este motivo. ¿O es que no te acuerdas cómo lo pasaste el primer día que se quedó en casa de sus abuelos?

La duda no radica en cómo se lo va a pasar con sus amigos en la actividad, sino en que tal llevará lo de dormir fuera de casa y sin sus personas de máxima confianza cerca. Lo cierto es que no existe una respuesta ni un remedio ante algo así; siempre existe la posibilidad de que llegado el momento no lo lleve bien el niño o niña. Nadie puede garantizar que no aparezca en el niño lo que los psicólogos llaman angustia de separación. Pero hay factores que reducen muchísimo esta posibilidad. 

Factores determinantes

La edad, obviamente, es uno de esos factores. No es lo mismo un niño de 3 años que uno de 5 para 6. Sin embargo, no es tan decisiva como a priori pueda parecer. Hay dos factores con mayor influencia en esta cuestión: si el menor muestra su deseo personalmente de dormir fuera, y si ya ha dormido fuera de casa con anterioridad en “entornos de seguridad”. Esto es, no es lo mismo que el niño tenga que dormir fuera por obligación o imposición (totalmente desaconsejable esto último) que lo haga porque le apetece, ni tampoco es lo mismo que sea su primera experiencia fuera de casa o que en cambio ya acumule otras situaciones previas así en casa de sus abuelos, de sus tíos, etcétera. 

En caso de que el niño esté psicológicamente preparado, lo vais a notar en cuanto os comuniquéis con él porque va a expresar su deseo de irse a dormir fuera, ya sea con sus primos, un amigo o en una actividad como la mencionada de la granja escuela. Lo importante, eso sí, es que la iniciativa parta del niño y no al revés. Si como adultos direccionamos su respuesta y la condicionamos hasta que nos dé un sí que en este caso será poco concluyente, el riesgo de que lo pase mal cuando llegue la hora de ir a dormir será mayor. 

Y la otra clave para que estéis confiados al respecto de si está preparado para dormir fuera es que hayáis introducido este hábito de manera paulatina. Si ya sabéis que se va a dormir fuera de su entorno de seguridad en primavera, por ejemplo, es bueno que pueda en las semanas previas pasar alguna noche más fuera de casa en un ambiente de máxima seguridad para el niño. Por ejemplo, con sus abuelos. 

En todo caso, cuando se acerque el momento de la excursión o llegue el día en el que vaya a dormir a casa de un amigo, hacedle partícipe del proceso. Hablad con él durante el día y dejadle que colabore en las tareas correspondientes, como por ejemplo la de hacer la bolsa de viaje. 

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