El momento adecuado

Consejos para quitar el pañal de una manera fácil

¿Cuándo es mejor hacerlo? ¿cómo se puede saber si el niño está preparado? ¿cuánto tarda la adaptación? Son muchas las preguntas que surgen cuando se trata de gestionar el control de esfínteres. Te ayudamos a salir de dudas con algunos trucos básicos que te ayudarán a que puedas hacerlo con tu hijo de una forma eficaz y sin que resulte traumático.

Niño en el orinal
Niño en el orinal (Foto: depositphotos)

Cuándo quitar el pañal a un niño es uno de esos primeros momentos de tensión que se dan en la paternidad. No debería ser así, pero tener la “voz” de la presión social en la oreja por un lado y por otro lado el límite del comienzo del primer ciclo de educación infantil, que implica el salto al colegio y dejar atrás la dinámica típica de las escuelas infantiles, pueden generar nervios, dudas e incluso preocupación por cómo gestionar el control de esfínteres

Como sabemos que esto pasa más a menudo de lo que parece, sobre todo en padres novatos, queremos tranquilizarte al respecto, porque debéis ser vosotros como padres los que toméis el control de la situación junto a vuestro pequeño más allá de todo el ruido que se pueda generar alrededor. Por supuesto, los consejos son bienvenidos, pero no las imposiciones, porque cada caso es distinto. Es el nivel de desarrollo del niño el que facilitará la llegada de este momento.

Como padres, lo fundamental es observar, estar atentos para detectarlo y, por supuesto, facilitar el proceso y acompañarlo. ¿Cómo? Es muy probable quesestas apreciaciones generales que vamos a compartir contigo en base a nuestra experiencia y a la opinión de los expertos al respecto pueden ayudaros durante esta etapa.

Sin presiones

Es fundamental no presionar al niño ni provocar la situación. Esto es algo que hacían mucho las generaciones de padres anteriores y es posible que lo notéis porque los abuelos os recomienden hacerlo, pero lo único que puede ocurrir es que añadáis presión de forma innecesaria al pequeño. Cuanto más natural sea el proceso, mucho mejor.

El momento adecuado

Otro discurso típico es el de aprovechar el verano para quitarle el pañal. Es cierto que es más cómodo para los adultos porque suelen ir muy ligeros de ropa y se pasa más tiempo con ellos, pero la prioridad es el bienestar del pequeño, y si no está preparado fisiológicamente para controlar los esfínteres, es mejor esperar a que lo esté, que rara vez será antes de los 20 meses de edad. De todos modos, insistimos, la edad solo es orientativa, no definitiva.

Mucha paciencia

"La paciencia es la madre de la ciencia". Qué gran frase esta, cuánta verdad en ella. Los planes de quitar el pañal en una semana como los eslóganes de los cursos exprés para aprender inglés no funcionan de acuerdo a un proceso ideal. Quitar el pañal es un proceso que suele evolucionar de forma progresiva, habrá días que el niño dé algún paso atrás incluso, pero lo importante es que se complete sin generarle ansiedad. Por eso, es importante que los adultos sean pacientes. 

Preguntar antes de obligar

Hay muchos adultos, sobre todo guiados por sus respectivos padres, que optan por obligar a los niños a estar tandas interminables en el orinal. Es contraproducente porque el niño puede asociarlo de forma negativa. Si está muchos minutos sentado que sea porque así lo quiere él, no por obligación. Siempre es mejor observar los gestos y preguntarle las veces que haga falta si desea hacer sus necesidades.

Horarios sí, rigidez no

Es interesante seguir la línea de las escuelas infantiles y colegios con los horarios porque así también facilitaréis que el niño se adapte antes a esa rutina que marcará su vida durante nueves meses al año. Además, es un truco que suele funcionar para que vayan asociando determinados momentos del día a hacer sus necesidades. Eso sí, hay que ser flexibles, nunca rígidos; es decir, se pueden manejar pequeños abanicos horarios, o simplemente utilizar referencias como el final de las comidas con independencia de la hora que sea.

Ambiente relajado

Esto es un consejo general para todo el desarrollo del niño. Está demostrado que los ambientes agradables, donde prima el respeto, la tranquilidad y el diálogo, entre otros aspectos, son propensos a ayudar en el desarrollo emocional de los niños. Este punto enlaza directamente con los primeros de la lista, ya que todo se resume en naturalizar el proceso y evitar acelerones forzados durante el mismo o reacciones negativas por parte de los padres cuando se produzca un pasito atrás.

Proporcionar cierta autonomía

Son muy pequeños, de ahí lo de cierta. Pero es interesante que ellos puedan disponer del aliciente añadido de acceder con facilidad al orinal. En esto reside precisamente la ventaja de utilizar orinal en la primera fase del proceso, antes de pasar al adaptador del váter. Este último es mucho más cómodo para los adultos que guían el proceso, pero también limitan la autonomía del pequeño. A medida que avance el proceso, si tiene edad y seguridad para utilizar un alzador, ya podéis pasarle al adaptador, que además suele suponer una inyección de ilusión en los peques para completar su proceso al verse “mayores”.

La importancia de la narrativa

Hay que guiar todo proceso del desarrollo de los niños explicándoles las cosas las veces que haga falta. Además, al aprender por imitación, aunque perdáis un poco de intimidad durante esta fase, puede ayudar el hecho de que vean cómo lo hacéis los mayores. Si tiene un hermano o hermana mayor, aprovecharle como referente para el pequeño es otra gran idea. 

Mantener los hábitos fuera de casa

De nada sirve si ya no lleva el pañal en casa que al salir a la calle se lo pongáis porque puede acabar siendo contraproducente. En vuestra mano está si dar este paso de forma progresiva -esperar unos días- o hacerlo desde el momento en el que el niño en casa y en clase controle los esfínteres. En cualquier caso, lo recomendable es no demorar la evolución del proceso por miedo a que el niño se haga sus necesidades en la calle. Pasará, así que lo mejor es mentalizarse porque la prioridad es su desarrollo. Un consejo extra es llevar siempre un cambio más del habitual y tratar de vestirle con ropa cómoda para que el momento “mamá, me hago pis” sea lo más parecido a cuando un coche de Fórmula 1 para en boxes.

Felicitar sí, premiar no

Cada maestrillo tiene su librillo por lo que solo es un consejo. Pero si hablamos de naturalizar el proceso todo lo posible, los premios suponen todo lo contrario. Es una especie de mecanización del proceso que seguramente funcione a corto plazo pero genere dependencia a medida que este evolucione.

Respeta los tiempos de los niños

Más allá de estos consejos, no os agobiéis con las noches porque controlar el esfínter durante el sueño lleva otro ritmo de desarrollo en los pequeños. Las braguitas pañal son un recurso muy interesante para facilitar este proceso con un paso intermedio, pero este se puede alargar tranquilamente hasta los cinco o incluso seis años en algunos casos, de modo que todos los tips que hemos compartido contigo en este texto excluyen la noche.

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