Evita etiquetas

Cuidado con decir siempre a los niños tienes que ser bueno

Etiquetas como “ser bueno” se pueden convertir en un arma de doble filo.

Nos hartamos de recordar desde espacios especializados en la paternidad/maternidad y todo lo que tiene que con ello que las etiquetas negativos son uno de los grandes “enemigos” en la comunicación familiar porque dañan el autoestima de los peques y nos limitan como padres. Las etiquetas influyen en cómo les vemos y tratamos, y también en cómo nos dirigimos a ellos. Sin embargo, pocas veces se habla de que también existen etiquetas positivas que pueden ser un arma de doble filo.

Expresiones que no solo no conllevan una carga negativo, sino que tienen una intención contraria, la de alabar o poner en valor la conducta o habilidad de un peque, también pueden ser dañinas para ellos. El mejor ejemplo es esa frase tan manida que todos en algún momento hemos dejado salir por nuestra boca: “Qué bueno/a eres” y todas sus variantes. 

Entre otras cosas, lo que puede ocurrir en un niño o niña al que le insistimos en este tipo de comentarios a priori positivos, es que le añadamos muchísima presión y responsabilidad extra, más de la que está preparado para asumir por su edad. Además, les puede llegar a confundir y, sobre todo, a obsesionar por ser y comportarse como sus adultos de confianza quieren que sea y se comporte. Pueden pensar que solo así serán aceptados. Esto conlleva un riesgo mayor de que desarrollen personalidades rígidas y un miedo al fallo que les puede llegar a limitar en determinados contextos. 

Evitar comparaciones entre hermanos

Esta circunstancia se puede ver agravada en situaciones específicas pero relativamente habituales a nivel familiar. Por ejemplo, cuando hay dos o tres hermanos o hermanas en la familia y uno de ellos es “movido”, “trasto” o “malo” en el pero de los casos, por citar tres adjetivos muy utilizados a modo de etiquetas, negativas en este caso, con los peques de la casa. Si el hermano “bueno” es el mayor, todavía se puede disparar más su deseo de ser y comportarse como está “bien”. Y esto, a medio y largo plazo, puede generar un grave problema de comunicación, generar frustración al niño o que se dañe su autoestima del niño o niña, entre otras causas. 

Es importante por ello controlar en la medida de lo posible las etiquetas positivas. Sobre todo, entre la familia, que suele recurrir más a menudo a ellas porque son menos conscientes a la hora de relacionarse con los niños y niñas. Al final y al cabo, son los progenitores los que suelen dedicar más tiempo a la reflexión y autorrevision de su forma de educar. Esto rara vez lo hace una tía o un abuelo

Acabar con el miedo a equivocarse

Al mismo tiempo, es muy importante hacer ver a los peques que equivocarse es algo que nos pasa o ha pasado a todos los seres humanos. Y que una cosa muy distinta es saber lo que está bien, lo que es peligroso de lo que no, etcétera, y otra muy distinta hacerlo siempre todo de acuerdo a lo que nos piden que hagamos. Es un punto de equilibrio difícil de conseguir pero se empieza por limitar al máximo las etiquetas positivas, casi tanto como las negativas. 

De lo contrario, el llamado por algunos especialistas en psicología “síndrome del niño bueno” puede alargarse hasta la edad adulta de lo arraigado que está en la personalidad de quien lo ha regado desde niño de manera involuntaria, a través de esa exigencia generada por su entorno para que cumpliera con las expectativas acorde a su condición de “bueno”. 

Rubén

Rubén García Díaz

Papá de dos niñas y periodista, la mejor combinación para que broten dudas, curiosidades, consejos efectivos (también otros que no lo son tanto) y experiencias satisfactorias que compartir en este espacio privilegiado para ello.

Continúa leyendo