¿Debemos enseñar filosofía a los más pequeños?

Si quieres fomentar la reflexión y la lógica de tus hijos y contribuir a reforzar sus valores deja que den rienda suelta al filósofo que llevan dentro.

Seguro que tus hijos empiezan muchas de sus preguntas con el típico por qué y seguro que a veces has sentido dificultades para contestarles. ¡No te preocupes! ¡Es normal! Eso sí, no te cruces de brazos y trata de ayudarles a entender el mundo y a desarrollar un pensamiento crítico y autónomo  no sólo dándoles respuestas sino también haciéndoles preguntas. ¿Cómo? Una opción es la filosofía.

“Nuestro objetivo no debe ser abarcar grandes conceptos o teorías, sino enseñar a los niños que hay cuestiones en las que no existe una respuesta correcta o errónea. Lo importante son las competencias que aprenden durante este proceso como la capacidad de argumentar, la tolerancia hacia el resto de opiniones, la adopción de una posición crítica, y lo más importante, la capacidad de formarse una opinión crítica sin dejarse influir por los demás”, explica Sergio Díez, impulsor de la Escuela de Filósofos en el grupo educativo Brains International Schools.

Seguro que a estas alturas del artículo te estás preguntando cómo lograr ese objetivo. Si sigues leyendo, te lo contamos. Según Díez, existen unas cuantas formas de iniciar a los más pequeños en el mundo de la filosofía desde el sofá de nuestras casas y dejarles que se lo cuestionen todo y se replanteen el mundo de una forma diferente reflexionando sobre algunas cuestiones que aún no tienen respuesta por parte de la humanidad.

  • La lectura, su mejor aliado: instaurar el hábito de la lectura es muy importante, incluso en aquellos niños que todavía no han aprendido a leer, ya que podemos hacerlo junto a ellos. Los cuentos infantiles tienden a presentar conflictos sencillos entre los personajes que podemos analizar con los niños y aprovechar para preguntarles qué opinan sobre ellos.
  • Mantén viva su curiosidad: no solo debemos ser nosotros quienes recibamos las preguntas, sino que también debemos ser nosotros quienes se las formulemos para mantener despierto su interés por el conocimiento. Para ello, lo mejor será optar por preguntas abiertas, en vez de preguntas cerradas que se puedan responder con un monosílabo.
  • Anímale a dar su opinión: y, sobre todo, hazle saber que sus opiniones son importantes. Además, exponer sus opiniones le ayudará a organizar sus pensamientos y le permitirá construir un relato de forma ordenada. También es importante enseñarles a respetar las opiniones de los demás, que es la base de valores como la tolerancia y el respeto.
  • Fomenta el diálogo y el debate: no debemos confundir el debate con la discusión. Nuestro objetivo debe ser que el niño se acostumbre no solo a dar sus opiniones de forma razonada, para así exponerlas correctamente (en tono y estructura). En función de la edad podremos plantear temas de mayor o menor dificultad. De este modo, ayudaremos a generar procesos de escucha activa y construcción grupal del conocimiento, mediante la participación y el diálogo en torno al tema seleccionado.
  • Actividades extraescolares para futuros filósofos: generalmente, este tipo de actividades se plantean en grupo para que los niños puedan dialogar y compartir experiencias y opiniones. Un ejemplo, son las clases de teatro, ya que invitan al niño a ponerse en la piel de otra persona y reflexionar sobre sus conflictos

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