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Apego seguro

Descubre si estás preparado para ofrecer un apego seguro a tu hijo

Aunque el apego seguro es la máxima a la que queremos llegar todos los padres a la hora de educar a nuestros hijos, lo cierto es que conseguirlo no es nada fácil. Y, además, solo el 50-60% lo conseguirán. ¿De qué depende el éxito? De la educación que nosotros hayamos recibido de pequeños.

La frase ‘yo te he educado como mejor he sabido y he podido’ es una de las míticas cuando los hijos alcanzan la adolescencia y la mayoría de edad. Y es que, es totalmente cierta: nuestros padres nos han educado a todos como mejor supieron hacerlo y como mejor consideraron para nosotros.

Nadie piensa en educar mal aposta a un bebé. De hecho, al contrario, todos pretendemos hacerlo perfectamente y conseguir que ese pequeño sea una persona de valor y personalidad fuerte y correcta de mayor. Para conseguirlo, el apego seguro es una de las máximas que todos los padres tienen en cuenta a la hora de educar.

Conseguir un vínculo especial con el bebé desde antes de nacer, inculcarle unos valores saludables en cuanto a autocontrol, emociones, autoestima y empatía con el resto del mundo está muy bien y parece muy sencillo cuando leemos las pautas para llevarlo a cabo pero, en la práctica, ¿todos podemos alcanzarlo?

Los cuatro tipos de apego

Antes de meternos en teoría, hay que destacar que sea del tipo que sea, todos tendremos un apego con nuestros padres. Un apego que nos inculcan de manera inconsciente y que, por supuesto, nunca se corresponde con las características del seguro. Y es que, tal y como explica el psicólogo infantil Rafa Guerrero en su último libro “Educar en el vínculo” (Editorial Plataforma Actual), existen cuatro tipos diferentes de apego: el seguro (al que todo el mundo aspira), el evitativo (caracterizado por no dar importancia a la expresión de las emociones), el ansioso-ambivalente (llevado a cabo por los padres a los que les causa estrés y descontrol atender a las necesidades emocionales de los peques) y el desorientado (practicado por padres que, además de no saber cómo atender a las necesidades emocionales de sus hijos, tampoco son capaces de atender a las suyas y, por lo tanto, tienden a ser violentos y agresivos). Además, dependiendo del tipo de apego que practiquemos, el niño tendrá una u otra personalidad de mayor.

Como explicábamos antes, aunque de manera consciente todos intentemos practicar el apego seguro con nuestros hijos, la realidad es bien distinta: inconscientemente podríamos estar practicando alguno de los otros tres modelos y, tal y como nos afirma Rafa Guerrero, hay muchas posibilidades de que ese tipo se mantenga a lo largo de los años. ¿De qué depende que practiquemos un tipo u otro? Depende del apego que hayan practicado con nosotros nuestros padres cuando éramos pequeños. Rafa Guerrero nos lo explica así: “que todos queramos practicar un apego seguro no es sinónimo de que vayamos a poder porque si yo no sé en qué consiste, no puedo enseñarlo”. De hecho, va un paso más allá: “por muy formado que esté en la teoría del apego, si yo no me sé relacionar de una manera sana y no sé atender a las emociones de mi hijo, por muy motivado que esté en hacerlo, no seré capaz”.

¿Estás preparado para practicar el apego seguro con tus hijos?

De acuerdo al libro “Educar en el vínculo”, de Guerrero, el tipo de apego que practiquemos con nuestros hijos definirá algunas características clave de su personalidad futura. Teniendo en cuenta esta premisa y el hecho de que practicaremos el apego que nuestros padres han practicado con nosotros, podríamos concluir que para estar preparado para ofrecer un apego seguro a nuestro hijo, nosotros deberíamos cumplir con una serie de rasgos de la personalidad que están muy vinculados a la capacidad de entender nuestro estado emocional en cada momento y actuar en consecuencia. En concreto, estas características, de acuerdo a Rafa Guerrero, son las siguientes:

  • Buena capacidad para identificar cada emoción que experimentamos
  • Buena capacidad para la regulación emocional
  • Ver a los demás como seres diferenciados y a sí mismos como diferenciados del resto
  • Buena capacidad de mentalización
  • Adecuado desarrollo de la empatía
  • Capacidad de resiliencia
  • Buena capacidad de toma de decisiones
  • Liderazgo
  •  Autoestima alta
  • Buen autoconcepto
  • Entienden que el error es parte fundamental del aprendizaje
  • Son capaces de reconocer sus limitaciones y fallos

Responde con sinceridad: ¿identificas estas características con tu personalidad? Seguramente, no sea así al cien por cien. Y es que, de acuerdo a Rafa Guerrero, tan solo un 50-60% de los padres conseguirán practicar un apego seguro con su hijo porque solo ese porcentaje lo ha recibido de pequeño.

¿Qué pasa si no me identifico con estas características?

Entonces, estarás pensando: ¿estoy educando mal a mi hijo? ¿No puedo hacer nada por practicar el apego seguro? La respuesta es negativa en el primer caso y afirmativa en el segundo. No, no estás educando mal a tu hijo porque no practiques el apego seguro porque, tal y como explicábamos al principio, lo estás haciendo lo mejor que puedes y sabes y esforzarte en su educación, es sinónimo de que las cosas se están haciendo bien.

Ahora bien, si aun con toda esta información quieres practicar ese tipo de apego con tu pequeño, puedes hacerlo aunque tus padres no te lo hayan transmitido así. ¿Cómo? A través de la psicoterapia, de acuerdo a las palabras de Rafa Guerrero. Incluso, cree que es primordial que todos tengamos esta información incluso antes de ponernos a buscar un bebé. Así, en el momento en el que nazca, ya sabremos cómo tendremos que actuar y, de alguna manera, habremos “corregido” esos pequeños fallos que, casi a ciencia cierta, hubiéramos cometido sin la ayuda de un profesional.

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