Pequeños artistas

Mi hijo pinta… ¿Dibujos o garabatos?

Los niños son artistas naturales y sus obras son esenciales para su desarrollo emocional, cognitivo y social. Con tan sólo un año nuestro hijo ya puede garabatear.

Mi hijo pinta… ¿Dibujos o garabatos?

Los padres debemos abordar sus pinitos en las artes plásticas con el entusiasmo con el que alentamos sus primeros pasos. El garabato es la antesala de la escritura y de muchas habilidades más.

Algo tan sencillo como coger un lápiz resulta para un niño muy complejo. Hasta los dos años aproximadamente, su desarrollo neuronal y motriz no lo permite (exige coordinación, fuerza...). A ellos eso no parece importarles demasiado. Desde los primeros meses, probarán las delicias de emborronar cualquier superficie con algún material: desde los restos de papilla al rotulador del hermano o el pintalabios de la madre. Estos actos son muy valiosos. Por eso deben estimularse y orientarse correctamente.

 

El garabato, precursor de la escritura

  • Si un niño ha dibujado cientos de círculos jugando es más probable que se enfrente con soltura al trazo de una ‘a’, por ejemplo.
  • Lo que comienza siendo (entre los 12 y los 18 meses) una simple descarga motriz, un movimiento del cuerpo sin intención, se transforma en un acto cada vez más consciente, intencionado y coordinado (de los 18 a los 24 meses). A partir de ahí, los dibujos le servirán para expresar lo que aún no puede o no sabe decir con palabras.
  • El garabateo de los pequeños es tan importante como el impulso que les permite andar y que se manifiesta en esa misma etapa de su vida (al cumplir el año).
  • Pintar no es sólo pintar. Si observamos a nuestro hijo mientras dibuja comprobaremos que mueve todo el cuerpo, de la espalda a los hombros. Pronto coordinará sus ojos con la mano y los dedos. Es cuestión de práctica.

 

Sus dibujos no significan nada

  • Puesto que la finalidad de pintar no es la corrección artística sino el desarrollo global del niño, cada pequeño paso tiene su valor. Los padres son quienes tienen que dar la justa importancia a lo que hacen los hijos.
  • Si expresamos nuestra admiración por su dibujo y lo exponemos (la nevera, por ejemplo, puede ser un buen sitio), estaremos reforzando su autoestima y animándole a seguir mejorando su técnica.
  • Poco a poco, podemos ir preguntándoles qué han dibujado, dándoles nosotros propuestas (¿es un sol?, por ejemplo) y logrando así poner palabras donde sólo había trazos irregulares.
  • Resulta poco apropiado que los padres se creen expectativas que no van a cumplirse porque aún son pequeños (no salirse de los límites del dibujo trazado, por ejemplo). El límite en el dibujo lo ponemos los mayores. Para los pequeños todo es una superficie que rellenar. Y suelen intentar abarcar todo el espacio.
  • Si mostramos algún tipo de decepción, ellos van a sentirse desanimados.
  • No debemos preocuparnos por los colores que eligen para dibujar. Entre uno y dos años es totalmente involuntario y azaroso: suelen escoger el que está más cerca o la cera más cómoda. Lo que sí les suele gustar mucho es el contraste que hace el negro sobre el fondo blanco o sobre el resto de colores suaves.
  • Unos seis meses después de haber comenzado a garabatear, en algún momento descubrirán que hay una vinculación entre sus movimientos y los trazos del papel. Este es un paso muy importante, y representará un cambio en sus dibujos y su forma de dibujar.

 

Pintar como ritual

Es recomendable que el momento de dibujar implique para el niño un pequeño ritual: ponemos periódicos en el suelo, sacamos las pinturas de la caja, elegimos un folio o cartulina blanca, ponemos música... Así, comprenderá cuándo toca dibujar, cuándo puede uno emborronar sus cartulinas y sus manos y cuándo no. Además del estímulo neuronal y motriz que supone para el niño la actividad de pintar, también puede tratarse de un momento perfecto para "poner límites".

 

Elegir materiales adecuados a su edad

Existen ceras gruesas fáciles de agarrar, sin envoltorio de papel (pueden quitarlo y llevárselo a la boca); rotuladores no tóxicos de punta redondeada, pintura de dedos...

Existen muchos materiales no al uso útiles para niños de un año. Por ejemplo, un buen truco es utilizar gelatina en polvo, disuelta en agua, para hacer acuarelas. Pueden llevarse la gelatina a la boca sin ningún riesgo.

 

¿Dónde pueden dibujar?

Los padres debemos ser conscientes de que esta actividad mancha. Puesto que con un año aún no es fácil acertar con precisión en los límites del papel, resulta muy práctico cubrir el suelo con papel de periódico y sobre este disponer la cartulina que vayamos a usar. Otra opción es usar la trona, con su mesita de plástico.

 

   
  • Tener un lugar de la casa para exponer sus obras y admirarlas.
  • Ponerle ropa cómoda y fácil de lavar para que no nos importen las manchas.
  • Prestar toda nuestra atención a lo que hace y no intentar dirigirle.
  • Esperar que se sienten durante un largo espacio de tiempo y mantengan la concentración en el dibujo. Son aún muy pequeños.
  • Corregir lo que hacen. Afecta a su autoestima.
  • Buscar interpretaciones a sus dibujos. Son trazos sin intención.

 

Asesora: Rosario Sánchez, psicóloga.

Etiquetas: 1 año, 2 años, aprendizaje, desarrollo infantil, desarrollo intelectual, dibujos niños, estimulación

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