Metodología

Disciplina positiva: las claves más importantes para educar en positivo

Aunque fue en los año 80 cuando esta metodología educativa dio un salto hacia adelante en importancia y trascendencia, no ha sido hasta esta década cuando ha cobrado verdadero protagonismo dentro del sector de la educación y la paternidad.

Niña feliz
Fuente: Depositphoto

La disciplina positiva es un concepto del que habrás oído y leído muchas referencias en los últimos tiempos si tienes críos pequeños o están en camino. Pero si no has profundizado todavía en ello lo suficiente como para saber qué es, has clicado en el texto adecuado para ello. Vamos a tratar de condensar las claves más importantes para educar en positivo en las próximas líneas. 

Como bien explican desde la Asociación Disciplina Positiva en España, organización sin ánimo de lucro nacida en el año 2013, la disciplina positiva no es un método educativo tan reciente como parece por el simple hecho de que sea tendencia dentro del mundo de la educación y la paternidad en los últimos años. “Es una metodología que tiene sus orígenes en los años 20 en las ideas de Adler, psiquiatra infantil, junto con Dreikurs. Pero es a partir de los años 80, con Jane Nelsen, cuando se sistematizó y experimentó”, explican desde la asociación, citando algunos nombres a los que es justo añadir el de  Lynn Lott y el de Cheryl Erwin, dos impulsoras más de esta manera de educar.

Objetivo

El objetivo final de la disciplina positiva es “enseñar a padres y educadores a construir una relación con sus hijos que les ayude a desarrollarse de forma positiva ayudando al niño a llegar a ser una persona segura de sí misma y autónoma”, indica Álvaro Bilbao, doctor en psicología y neuropsicólogo y autor de libros como El cerebro del niño explicado a los padres. Esta esencia está muy bien condensada en las palabras de Rudolf Dreikurs escritas en Social Equality the Challenge of Today: “Padres y maestros no pueden seguir funcionando como jefes, deben adquirir la habilidad de ser líderes democráticos”.

Según el propio Álvaro Bilbao, de las más del medio centenar de herramientas que la disciplina positiva aporta a padres, maestros y cualquier otra figura adulta con peso en la educación de los niños, son cinco las claves más importantes: “firmeza, pero también amabilidad; sentido de pertenencia; educación a largo plazo; respeto mutuo; y confianza en sus propias capacidades”. 

La razón y la empatía se imponen

Es tan importante enseñar a los niños el valor de la constancia y de la superación a través de la disciplina como no confundirla con los castigos o los gritos. La disciplina positiva se basa en la paciencia, la comunicación, el orden y la amabilidad, ya que la clave es que los niños creen asociaciones en clave positiva. En esto juega un papel básico el respeto mutuo, uno de los pilares mencionados por Bilbao sobre la disciplina positiva. Y es que para que la comunicación bidireccional sea fluida, amable y efectiva, la razón y la empatía han de imponerse a la fuerza. La disciplina positiva rompe con la tradición de asociar la educación a una relación de poder. 

Precisamente eso evita, entre otras cosas, que el niño no desarrolle el sentido de pertenencia, algo que puede tener consecuencias muy graves a la larga si se daña su autoestima. Y esto es justo lo que consiguen los golpes, gritos y castigos, que acaban resquebrajando el vínculo entre el adulto y el niño. Es todo lo contrario de lo que ocurre cuando se educa en positivo, que aporta seguridad al menor al sentirse legitimado, respetado y comprendido incluso cuando no lo ha hecho bien.

Más complicado pero más efectivo

Con toda seguridad es infinitamente más difícil educar así que mediante la amenaza o el chantaje, pero la disciplina positiva tiene su vista puesta en el largo plazo, espacio en el que jamás será efectivo un castigo, por ejemplo. Como bien apunta Álvaro Bilbao, “los principios de la disciplina positiva basados en el respeto, la disciplina y el afecto son mucho más eficaces, no solo para promover que los niños aprendan y respeten las normas, sino también para desarrollar valores positivos, seguridad y confianza”.

Confianza en su círculo más cercano, pero también en sus propias capacidades, con independencia de su forma de ser. Su autoestima estará reforzado, se sentirá puesto en valor,  y eso le llevará a trabajar para superarse y mejorar. 

Como ves, los pilares fundamentales no se alejan ni un centímetro del sentido común, y así ocurre también con otras de las claves que aporta este método educativo, como son aprender de los errores y aprovecharlos para construir y educar; la comunicación efectiva y basada en la resolución de conflictos sobre el sentido de comunidad; o la educación alentadora, que ponga atención en el esfuerzo más que en el resultado. 

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