El momento adecuado

A qué edad está preparado para hacer la voltereta un niño

Es uno de los avances a nivel psicomotor que más se aprecian en los niños, pero se hará esperar un poquito por lo siguientes motivos.

Aprender a hacer la voltereta es uno de esos hitos que hacen especial ilusión. Se la hace a los niños, que se sorprenden de sí mismos al ver de lo que son capaces, y también a los padres, ya que conectan con la ilusión de cuando eran pequeños y recuerdan lo mucho que les costó y cuánta satisfacción les produjo para su autoestima hacerla.

Es posible que te preguntes cuando un niño o niña está preparado para completar este movimiento. Te acuerdas de que en clase de educación física la intentabas, pero no de qué edad exacta tenías la primera vez que la conseguiste hacer. Pues bien, debes saber que la voltereta (hacia delante primero) se hace esperar un poquito porque no es por lo menos hasta los 4 o 5 años, más bien esto último, cuando están preparados para hacerla. 

En un artículo divulgativo muy interesante titulado Los giros en la etapa infantil (0-6 años),  Elena Ramírez-Rico y César Fernández-Quevedo Rubio, del departamento de Expresión Musical y Corporal de la Facultad de Educación de la Universidad Complutense de Madrid, explican lo siguiente sobre los niños y por qué hasta los 4 o 5 años no están preparados para completar la voltereta. “Hasta los 4 o 5 años los niños no están preparados para hacer giros en el eje transversal (volteretas) ya que requieren un mayor desarrollo de las sensaciones cinestésicas, del control corporal y de la percepción espacial. Anteriormente a esta edad pueden intentarlas y realizar algo similar, pero en la mayoría de las ocasiones el giro acaba en uno de los lados”, exponen. 

Que los peques estén listos a esta edad para hacer la voltereta no quiere decir que la hagan a esta edad, ya que dependerá de cuanto la practiquen y de su habilidad, que no es la misma en todos los casos. Es más, lo habitual es que no la completen bien, sino que se desvíen y la terminen de lado. “La voltereta hacia delante se lleva a cabo en un plano sagital, alrededor de un eje lateral, y la forma mínima requiere una vuelta hacia delante, sobre la cabeza y la espalda, la de menos 180º. Según esta definición, "los intentos iniciales típicos que tienen como resultado una caída lateral no se pueden considerar formas mínimas o evolutivas de la voltereta hacia delante", explican los dos especialistas en educación citando a Ralph L. Wickstrom, que en 1983 publico Fundamental Motor Patterns.

La clave, eso sí, es que a partir de esta edad si tienen la capacidad de hacerla porque dominan más la dirección y controlan mejor su cuerpo. Además, tienen la fuerza muscular para que su cuerpo soporte bien el movimiento encadenado que conlleva hacer la voltereta. Les cuesta porque todo reto físico conlleva una práctica previa, pero también por “miedo a rodar hacia delante, que les impide darse el impulso suficiente”, apuntaba ya Wickstrom en aquel libro del que muchos de sus argumentos siguen vigentes en la actualidad.

La importancia de la voltereta

En el colegio, en las clases de psicomotricidad, los peques van adquiriendo ese tono muscular y desarrollo físico que les permitirá pronto hacer la voltereta, movimiento que también practican en el centro escolar cuando corresponde, generalmente a partir del primer curso de primaria. Es más importante de lo que parece que poco a poco se animen a hacerla y lo consigan porque este tipo de movimientos y juegos “Puede parecer que no tienen un fin concreto, pero inciden directamente en su desarrollo neurológico”, destaca el neuropsicólogo Álvaro Bilbao. Es decir, tiene ese simbolismo propio de los hitos que se nos quedan marcados cuando los conseguimos; son un refuerzo evidente del autoestima, pero es que también lo son para el desarrollo según el experto.

Explica Bilbao que hacer la voltereta es uno de los juegos que ayuda a integrar a los niños el “reflejo del mono”, uno de los que ya lleva de serie el cerebro programado cuando nacemos. Este consiste en lo siguiente, en palabras del neuropsicólogo: “Ante la súbita pérdida de contacto el niño se sobresalte estirando sus extremidades”. La voltereta ayuda en este sentido “Porque en el momento de hacerla hay un momento en el que perdemos el control, nuestras referencias espaciales y el punto de gravedad, y nos provoca esa sensación que está entre el miedo y la emoción”, señala Bilbao. 

Este motivo explica que haya niños a los que les cuesta más hacer la voltereta que a otros, como ya hemos apuntado anteriormente. Según Álvaro Bilbao, “Es más frecuente ver esta dificultad en niños que han nacido por cesárea y que por tanto no vivieron esa primera experiencia de pérdida de control al avanzar cabeza abajo por los conductos hasta que la matrona la puso sobre la tripa de mamá”, concluye.

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