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Educar en igualdad: a propósito de unos pañales

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Hace unas semanas vivimos con Mara, nuestra hija mayor, un suceso curioso que demuestra cómo los mensajes de la sociedad van calando poco a poco en los niños. Desde más pequeños, incluso, de lo que podríamos imaginar.

igualdad

Mara tiene cuatro años y en casa ha vivido en un ambiente en el que intentamos hacer las menos diferencias posibles por cuestión de género, de forma que igual le compramos a ella ropa de la sección de niños que su hermano, de un año, recibe como regalo de Reyes una muñeca y un carrito.

Sin embargo, ya han sido varias las veces en las que ella nos ha dicho aquello de “eso es de niños”. La última, precisamente, hace unas semanas, en un hipermercado. Íbamos a comprarle un paquete de pañales-braguitas para la noche. Podía haberse cogido unos rosas y de princesas, como los que utilizó la última vez, pero quería cambiar de modelo. Entonces le ofrecimos el de Spiderman, de la misma marca de pañales, porque a ella le encanta este superhéroe. Su respuesta fue: “Ese es azul, papá, es de niños”. Acabó cogiendo otros de una marca distinta, con rallas y lunares, en tonos que se adivinaban “femeninos” según el marketing imperante, como daba a entender el embalaje (rosa, ¡cómo no!) de los pañales.

Respeté su decisión y no le dije nada especial en aquel momento, más allá de insistirle en la idea de que el rosa no es exclusivo de niñas de la misma forma en que el azul no lo es de niños. Sin embargo, me quedé pensando en cómo la publicidad de las marcas y los productos de éstas, a través de su packaging, lanzan a los niños mensajes de género que poco a poco van calando en ellos, como una lluvia fina: las niñas de rosa, los niños de azul; las niñas princesas, los niños superhéroes; las niñas pelo largo, los niños pelo corto; las niñas con pendientes; las niñas gatitos y corazones y los niños dinosaurios y estrellas de rock; las niñas muñecas y cocinitas, los niños coches y pelotas. Y así, sucesivamente.

Educar en igualdad: a propósito de unos pañales

Luego nos escandalizamos de las desigualdades, de los estereotipos y los micromachismos que vivimos a diario, ya de adultos. Y nos echamos las manos a la cabeza. Sin darnos cuenta de que lo que vivimos ahora hunde sus raíces mucho más atrás en el tiempo. “Estamos cometiendo el error de no educar en igualdad real. No somos conscientes de todos los errores que cometemos y de los mensajes que enviamos a la infancia, manteniendo los estereotipos. Seguimos usando un lenguaje no inclusivo, repetimos dinámicas, frases y comportamientos que les mandan el mensaje de que los hombres tienen el poder, deben esconder sus emociones y las mujeres deben ser sumisas y complacientes”, me decía recientemente en una entrevista Iria Marañón, filológa, editora y autora de Educar en feminismo (Plataforma Editorial).

Hoy, pese a que hemos avanzado, los niños todavía reciben muchos estímulos fuera de casa que siguen siendo los mismos de hace décadas. A los ejemplos citados anteriormente me remito. Y eso, cuando quiereseducar a tus hijos en feminismo, en una verdadera igualdad, se lleva mal. Y así se lo comenté a Iria. “Hay que ser flexibles y muchas veces dejar que ellas mismas se den cuenta de las cosas. Hay una edad en la que por mucho que tú les digas que el estereotipo de princesa sumisa, complaciente y rescatada por un príncipe no es positivo, ellas quieren disfrazarse de Blancanieves, y jugar a la Cenicienta pese a quien pese. Hay que señalar el machismo y el sexismo allí donde lo veamos, y que nuestras niñas y niños aprendan a identificarlo. No es algo que se consiga en un día, es una carrera de fondo”, me dijo ella.

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Y en esa carrera andamos inmersos, intentando hacer ver a nuestra hija, adaptando el mensaje a su edad, que las cosas no son de chicos o de chicas porque así lo haya decidido una marca, sino que las cosas son de todos y están ahí para que podamos elegir entre todas la que más nos gusta, sin distinciones de género.

La semana pasada volvimos a ir al supermercado. Se nos habían acabado los pañales. Y Mara eligió, sin que nadie le dijese nada, el mismo modelo de pañales, pero en este caso el envase azul, que tenía dos niños en la imagen. Al llegar a casa se mostró entusiasmada, porque los pañales llevaban dibujos de tiburones y piratas. A las niñas, como a los niños, aunque las marcas no lo sepan, también les gustan los tiburones y los piratas. Y el color azul.

 

Escrito por Adrián Cordellat es autor del blog unpapaenpracticas.com. Periodista, padre de una niña de 4 años y un niño de 1 año y es valenciano. Desde 2012 vive en Madrid, donde ejerce de padre y de periodista.

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